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viernes, 3 de abril de 2015

Cuando un 42% de discapacidad es ‘insuficiente’.



Iván Ramos posa en su habitación del domicilio familiar en Madrid.
ALBA GÓMEZ VARELA


«Yo antes era una persona feliz, alegre. Con lo que me han hecho, mi sonrisa se ha borrado», dice Iván Ramos en su presentación. El 13 de abril de 2011 comenzó el calvario de este legionario por vocación, que vio cómo su vida cambiaba para siempre tras un accidente en Afganistán, donde estaba destinado. En aquel momento, Ramos tenía 28 años y llevaba ya una década en el ejército, cuatro de esos años en la Unidad de Operaciones Especiales. 

A su regreso a España ha tenido que luchar por recuperarse de sus lesiones -se sometió a su última operación a principios de mes- y también por que Defensa reconozca sus derechos. El día del accidente, 14 después de haber llegado a la base situada en la zona del Herat, había alerta por peligro de coche bomba. El ahora ex legionario decidió salir en la patrulla en la que tenían previsto trasladar material al norte del país, a pesar de que ese día no le tocaba viajar en el convoy, porque «no quería que le pasase nada a otro compañero». A poca distancia de la base, los dos primeros vehículos con los que viajaban adelantaron a un camión, pero cuando ellos se disponían a hacer la misma maniobra, el vehículo se les echó encima. El conductor del Lince -el blindado en el que se encontraba Ramos- intentó esquivarlo debido a la amenaza de bomba y el resultado fue que dieron varias vueltas de campana por la inestabilidad característica de este vehículo antiminas. 

El español fue el peor parado de todos porque estaba en la posición del tirador y la parte superior del carro de combate se desprendió. Tuvo que ser operado de urgencia por médicos estadounidenses que intentaron salvar su vida, pero que no pudieron hacer nada por un riñón y el bazo. Ramos, además, se rompió un total de 17 huesos, perdió audición y tiene amnesia a corto plazo. Durante los tres días que permaneció ingresado en Afganistán, asegura que se sintió muy bien cuidado; los problemas llegaron a su regreso a España. Una vez en Madrid, sufrió severos dolores durante su recuperación, lo que le llevó a pasar por tres hospitales en busca de la mejor atención. A eso se le sumó la búsqueda del reconocimiento oportuno por parte de la institución militar, que denuncia que todavía no ha llegado.

La primera vez que pasó por el Tribunal Médico Militar, éste le otorgó un 24% de discapacidad, lo que significaba que no tenía derecho a pensión por un 1% de diferencia y que el tratamiento médico se lo tendría que financiar con sus medios. Sin embargo, Ramos ya sabía que no iba a estar conforme con esta valoración, por antecedentes de otros compañeros, así que optó por pasar por el examen médico de laComunidad de Madrid con anterioridad al militar. Así, la institución pública le dio el 10 de agosto de 2012 un 65% de discapacidad. Este fue el momento en el que el ex legionario se dio cuenta de que «sólo era un número» y de que querían que se fuera del ejército porque ya no servía, aunque él sostiene que podría haber continuado en el cuerpo ejerciendo otras funciones, como la de instructor. «Lo que más me hundió fue haber perdido mi destino, no me dieron opción a decidir porque todo es confidencial», asegura. 

Asimismo, entendió que, a su juicio, era el momento de pelear para que desde Defensa reconocieran el grado de discapacidad que realmente tenía, puesto que de lo contrario le pasaría lo que al resto de sus compañeros: «Palmadita en la espalda y a la calle, es lo que nos hacen a todos». Reunió muchísimos documentos, además del de la Comunidad de Madrid, e informes periciales que le llevaron a gastarse más de 10.000 euros. Así, consiguió una nueva valoración, esta vez por parte de la Junta Médico Pericial Superior, que le subió el porcentaje de discapacidad a un 42%, insuficiente, en su opinión. Esto supone que no llega al 50% necesario para que se considere una discapacidad grave y tenga derecho a la máxima pensión. «A todos les suben un poco cuando se quejan para callarles la boca», lamenta. Durante este segundo proceso, la Comunidad de Madrid ya le había subido el grado a un 75% (en marzo del año pasado). 

Ramos asegura que él, por aquella fecha, ya no quería seguir en el ejército, aunque «lo amaba», porque estaba sumido en una depresión y un estado de ansiedad muy fuerte, que se unía a los dolores que padecía, y que todavía no han remitido. Desde la familia afirman que van a pedir una revisión del último peritaje elaborado por Defensa, aunque «probablemente la desestimarán porque no se la suelen dar a nadie». Se basarán en la operación de espalda a la que se sometió el 3 de marzo y en que nunca le han valorado la pérdida de audición que sufrió tras el accidente. Ramos considera que su situación es injusta y espera que su denuncia sirva para que más compañeros en su lugar pierdan el miedo a dar la cara y defender sus derechos. Por eso, está pensando en crear una plataforma para afectados junto a su madre.

Un problema ‘muy extendido’ entre militares
Desde la Asociación Unificada de Militares Españoles (Aume) denuncian que está muy extendido que los militares sean valorados por el tribunal con un grado de discapacidad menor del que realmente tienen para darles menos dinero y consideran que el examen de la Comunidad de Madrid posiblemente sea más fiable.
Otra situación bastante frecuente es que no se reconozca que las lesiones se han producido en acto de servicio, problema al que Ramos no se enfrentó porque estaba en Afganistán. Sin embargo, es el caso de otros dos militares con los que ha podido hablar EL MUNDO y que no quieren ser identificados por miedo a represalias. Su actividad militar les llevó a desarrollar lesiones de espalda y a ser operados en varias ocasiones. Uno de ellos tuvo que dejar un entrenamiento para ser ingresado. (Jesús.R.G.)

Fuente: https://rrtsmagazine.wordpress.com/ 

Nota del editor: todo mi apoyo para esta gran persona que dia su vida en una guerra a la cual nadie le oobligo ir, y que ahora sus propios mandos les rechazan y les deniegan algo que le corresponde y se a ganado mas que nadie. El derecho a una baja onorable.

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El Ejército del Aire entrena el rescate de un piloto de caza derribado en suelo enemigo.


Un piloto de caza español en pleno vuelo.

Ese fue, en esencia, el briefing de ‘Personal Recovery’ (recuperación de personal) que hace unas semanas realizaron unidades del Ejército del Aire, en una ubicación “reservada” y en horario nocturno. ECD ha podido ver imágenes tomadas desde el aire de esta última operación, realizada en campo abierto. Para el ejercicio se movilizaron unidades de varias partes de España, entre ellas cazas F-18 y helicópteros del Servicio Aéreo de Rescate. Según ha sabido El Confidencial Digital de fuentes militares, el protocolo de actuación ante estos casos es muy estricto. 

Un caza realiza una misión de reconocimiento en la zona para detectar al piloto derribado. Este señaliza su posición con un laser, sólo visible por los visores que lleva el piloto. Una vez conocido el lugar en el que se encuentra el piloto, las unidades de rescate se dirigen hacia la zona en helicópteros. Los militares toman posiciones alrededor del piloto derribado, que permanece tumbado boca abajo en el suelo y con las manos sobre la nuca. Hasta que se comprueba que no se trata de un enemigo –mediante una contraseña verbal establecida previamente-, al piloto “se le trata como tal”. Una vez verificada su identidad, el piloto es exfiltrado en helicóptero por las fuerzas especiales que han ido a rescatarle. 

Un kit de superviviencia bajo el asiento y un arma 
Los pilotos llevan bajo su asiento un kit de supervivencia con todo lo necesario para sobrevivir las primeras 24 horas agua, comida, medicinas y útiles de primeros auxilios, así como dispositivos para alertar de su posición a fuerzas amigas. Una vez que el piloto se eyecta del avión, el asiento se separa y libera el kit de supervivencia, que queda adosado al piloto a través de una cuerda. Además, en tiempos de guerra o en caso de que la misión se desarrolle sobre territorio enemigo, los pilotos van equipados con un arma corta. (Jesús.R.G.)


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