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lunes, 1 de febrero de 2016

Por fin, en España se crea una reserva operativa, eficaz y combativa: 33 regimientos de Milicias.

Por fin, en España se crea una reserva operativa, eficaz y combativa: 33 regimientos de Milicias

Felipe V logró, con sus grandes reformas, algo que sus predecesores no consiguieron por más esfuerzos y mejoras que intentaron durante los dos siglos precedentes: que el Ejército dispusiera de una reserva lo suficientemente ágil y numerosa como para que, en caso de emergencia, pudiera recibir de ella tropas ya adiestradas e incluso unidades enteras prácticamente listas para entrar en combate. Desde la Edad Media se contaba con dos tipos de soldado, dicha sea esta palabra en su sentido más amplio: los profesionales que prestaban un servicio permanente y los que lo prestaban con carácter temporal, cuando eran llamados a las filas durante unos meses. Después, durante el siglo XVI y buena parte del XVII, la afluencia de voluntarios al ejército fue suficiente como para que la Monarquía Hispánica pudiera mantener casi constantemente varias guerras a la vez; pero ése era un ejército de intervención exterior.

La seguridad del reino, tanto en la periferia -los límites territoriales, como las costas y las fronteras- como en el territorio del interior estaba encomendada a fuerzas militares y a algunas fuerzas policiales –como la Santa Hermandad- sostenidas por las poblaciones cuya seguridad estaba directamente amenazada; en estas zonas funcionaba un sistema que había de basarse, principalmente, en el reclutamiento obligatorio, a fin de que su defensa no careciera de continuidad. Pero este sistema, al imponer la incorporación obligatoria al ejército a los señalados mediante sorteo, no gozaba de mucha aceptación popular, lo que afectaba a los niveles de operatividad que alcanzaban estas unidades aunque, de todas ellas, las que podrían considerarse como las más eficaces eran las de las provincias vascongadas y Navarra.

La renovación a principios del siglo XVIII
La Real Ordenanza del 31 de enero de 1734 mandaba organizar 33 regimientos de milicias en el reino de Castilla, que proporcionarían unos teóricos 24.000 hombres sobre las armas. Asignaba su organización y sostenimiento a las localidades más importantes de los territorios periféricos, es decir, los cercanos a las costas y a los límites con Portugal y, curiosamente, también con el reino de Aragón. La organización de los regimientos en esta última parte del territorio –los de Soria, Logroño y Sigüenza-, estaba justificada porque habían de constituir una reserva orientada hacia la frontera este con Francia.

Hay que recordar que, en esos años, seguía haciendo falta en Cataluña la presencia de un importante número de tropas para protegerla de Francia porque, a pesar de la alianza natural por ser Felipe V nieto del rey de Francia, se había entrado en guerra con ella en 1717-1721. Para la defensa del Principado estaban los regimientos ‘castellanos’ del Ejército al lado de tres regimientos catalanes: el ‘Barcelona’, creado en 1718 por el coronel Ramón Junyent, el de ‘Cataluña’, formado en 1731 por el coronel Mena Sentmenat, y el de ‘Migueletes Catalanes’ del coronel Antonio Xipell, creado en 1735. Para el refuerzo de todas estas tropas de primera línea, se previó la organización de los tres regimientos de milicias asentados en Soria, en Logroño y en Sigüenza, cerca de la raya con el reino de Aragón.

Todos los regimientos, creados el mismo día
La antigüedad de cada uno de estos nuevos regimientos de Milicias, detalle éste tan importante para la mentalidad militar de aquellos siglos, se fijó por el curioso procedimiento de sorteo, dado que todos ‘nacieron’ en el mismo día, el de la orden de su creación. Como esta reorganización suprimía las dispersas milicias preexistentes, el regimiento de Jaén, por cercanía, recibió como la primera de sus compañías a la de los Ballesteros de Baeza, creada en esta localidad durante la Reconquista y que supo conservar muchos privilegios concedidos por los sucesivos reyes. Este solo detalle otorgó al regimiento de Jaén el privilegio de quedar el primero de todos los regimientos de Milicias.

El adiestramiento de la tropa miliciana, dedicada de ordinario a sus oficios, se hacía en los días de fiesta. Periódicamente, se reunían las compañías y el batallón, y se realizaban ejercicios más amplios e importantes. Cuando, a causa de las acciones de guerra, hacía falta que se reforzara a los regimientos veteranos, los de Milicias más cercanos eran enviados, como ocurrió en 1735 y 1736, a las defensas de Cádiz y La Coruña y los asedios a Gibraltar.

Los soldados de reclutamiento obligatorio, a la guerra
La definitiva prueba de fuego de los regimientos de Milicias, como era demostrar la conveniencia de mantener unidades de recluta obligatoria y de mediano adiestramiento, pero capaces de reforzar al ejército en campaña, se superó favorablemente en la guerra de Italia. A esta campaña fueron enviados siete regimientos enteros (los de Murcia, Sigüenza, Soria, Logroño, Burgos, Palencia y Toro), las compañías de granaderos de todos los demás y constantes refuerzos para la reposición de bajas; más adelante, se enviaron a Italia otros dos regimientos enteros (Oviedo y Santander). Su comportamiento en el campo de batalla fue juzgado por el marqués de la Mina, el general en jefe, como “auténticamente brillante”.

La siguiente gran prueba fue durante la Guerra de la Independencia, iniciada en 1808 contra los napoleónicos invasores, cuando la secundaria consideración de los regimientos de Milicias, por estar compuestos de tropas de servicio temporal, fue abandonada y fueron ‘ascendidos’ a la categoría de regimientos de Infantería de Línea. Así, siguiendo diversos avatares y reorganizaciones, continuó su existencia durante el resto del siglo XIX. Sin embargo, el éxito de aquellos regimientos, en tanto que reserva operativa, no ha hallado continuidad hoy en día, pues el Ejército sigue sin contar con un mecanismo igual de ágil y potente para que, en caso de extrema urgencia, un conflicto de larga duración o emprender acciones sin la ayuda de aliados, se puedan aumentar en poco tiempo las unidades operativas. (Jesús.R.G.)


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