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viernes, 26 de febrero de 2016

La Armada se quedará sin Harriers en 2020 (y no hay relevo a la vista).


Las Fuerzas Armadas españolas se enfrentan a un gran desafío para mantener operativa en las próximas décadas la capacidad de alá aérea embarcada. La Armada dispone en este momento de 12 unidades del AV-8B Harrier, pertenecientes a la 9ª Escuadrilla Aeronaves. En 2014 se dieron de baja cuatro de estas unidades, modernizadas a la variante ‘Night Attack’. 

El motivo de su ‘jubilación’ fueron los recortes presupuestarios, que hacían inviable el mantenimiento del 25 por ciento de la flota. Actualmente las doce de unidades de la 9ª Escuadrilla opera desde la cubierta del buque ‘Juan Carlos I’, el único capaz de operar con estas aeronaves. Sin embargo, en el horizonte de 2020 –dentro de apenas cuatro años- España empezará a quedarse sin ala aérea embarcada.

Los Harriers americanos se ‘jubilan’
A partir de 2020, Estados Unidos tiene previsto jubilar sus Harrier. Reino Unido ya les dio de baja en 2010 –debido a los recortes presupuestarios en Defensa- y los vendió al cuerpo de Marines de Estados Unidos como fuente logística de piezas de repuesto. Según explican fuentes militares consultadas por ECD, la vida operativa de los Harrier españoles está íntimamente a la vida de las unidades norteamericanas, ya que son éstas la principal fuente de suministros y recambios.  

En 2022, Estados Unidos prevé cerrar la cadena logística. La alternativa de comprar más allá de 2020 piezas con un elevado nivel de fatiga, provenientes de cazas jubilados –con el coste de certificaciones que eso conlleva- , “no es una opción aconsejable” explican fuentes militares.

Inquietud: no hay sustituto a la vista
Estas voces confirman la inquietud que existe desde hace tiempo en la Armada por el panorama que se dibuja a futuro: no hay sustituto a la vista. Si los Harrier quedan fuera de servicio, el ‘Juan Carlos I’ perderá una parte sustancial de sus capacidades. La única alternativa, y a día de hoy, es el caza norteamericano F-35B, el único junto capaz de despegar de forma vertical –STOVL-. Y según confiesan fuentes de la Armada, pronunciar ese nombre en la planta noble del Ministerio de Defensa “está poco menos que prohibido”: se trata de uno de los proyectos más caros de la historia de la aeronáutica militar.

España se interesó en un primer momento por entrar a formar parte del selecto club de naciones que, en un futuro, tendrán operativos cazas F-35. Entre ellas, Australia, Israel, Italia, Japón, Noruega, Turquía y Reino Unido. El programa de desarrollo del caza ha sido, en términos económicos, un fiasco. El importe total del proyecto –así como el costo por unidad- se ha ido multiplicando con el paso de los años, llevando a países como Canadá o Dinamarca a cancelar sus pedidos.

La insistente oferta de Estados Unidos
En diciembre de 2006 se llevaron a cabo las primeras pruebas de vuelo de un F-35. Por aquel entonces, Estados Unidos se mostró muy interesado en incluir a España dentro del proyecto, para lo que había que invertir –según fuentes militares- “unos 2.500 millones de euros para convertirse en socio de nivel 1”. Es decir, para conseguir cierta carga de trabajo. El interés de España duro poco tiempo. 

El que tardó la crisis económica en hacer aparición y, con ella, los recortes presupuestarios. Defensa, en aquel entonces bajo el mandato de Carme Chacón, congeló cualquier plan para adquirir F-35 en un futuro. En los cables diplomáticos de Wikileaks quedaron reflejados los esfuerzos de la diplomacia norteamericana para persuadir a España de entrar en el proyecto Joint Strike Fighter. En cada reunión entre el embajador y la ministra de Defensa, o el JEMAD José Julio Rodríguez, salía a relucir el tema. La respuesta española siempre era evasiva.

La solución propuesta: alquilar cazas
Ya en 2016, el proyecto parece más inviable aún en términos económicos. Cada unidad del F-35B supera los 200 millones de euros. La única solución, explican fuentes militares, sería “alquilar unidades a Estados Unidos”, y no está claro que eso interese al Pentágono. De momento sólo hay dos unidades en activo, por lo que el calendario de entregas va más lento de lo esperado.

El tiempo corre en contra de la Armada española. “Hay países que ya están formando a los futuros pilotos de los F-35” indican estas voces. Para otras fuentes, lo más “probable” es que la Armada española se quede sin cazas operativos. (Jesús.R.G.)


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Armada Española: el submarino S-80 supera la fase de diseño.



El submarino de la clase S-80 que construye el astillero público Navantia en Cartagena es uno de los programas militares más esperados por la Armada Española. Junto con las nuevas fragatas F-110 y el ya operativo LHD «Juan Carlos I», los sumergibles de la clase S-80 deberán constituir la columna vertebral de la proyección del poder naval español a partir de 2020, fecha para la que se espera su plena operatividad en la Armada Española. Sin embargo, como cualquier proyecto tecnológico de tal envergadura, la construcción del S-80 no ha estado exenta de problemas, que ya parecen haberse corregido tras el asesoramiento en el proyecto de la estadounidense General Dynamics Electric Boat.


«El S-80 ya flota», nos informan fuentes militares conocedoras del proyecto. Claro está en un sentido figurado pues el submarino nunca se hundió como tal sino que se detectó el sobrepeso sobre planos y simulaciones. El primero en botarse no sería el «Isaac Peral» (S-81) sino el S-81 Plus te as haberse subsanado los errores de cálculo que aparecieron en su construcción e impedían precisamente que el submarino flotase. (En imagen superior una recreación facilitada por Navantia de cómo quedaría finalmente el submarino de la clase S-80).

No es baladí el dato, pues la construcción del nuevo submarino español -cuya propulsión se basa en el novedoso Sistema de Propulsión Anaerobio (AIP), capaz de ejecutar inmersiones durante largos períodos de tiempo- fue detenida a principios de 2013 al detectarse que el primer buque de la serie, el «Isaac Peral» S-81, tenía un sobhrepeso de 75 a 100 toneladas para su longitud: «Desviaciones relacionadas con el balance de pesos». Este hecho ha motivado que debiera prolongarse la vida útil de los actuales tres submarinos de la Armada: el «Galerna» (S-71), el «Mistral» (S-73) y el «Tramontana» (S-74) mediante la realización de una 5ª Gran Carena. El cuarto submarino de la clase S-70, el «Siroco» (S-72), fue dado de baja precisamente porque la Armada Española pensaba que iba a recibir la primera unidad del S-80 este mismo año.

¿Cómo es el nuevo submarino que surge tras la corrección del sobrepeso?  
En este asunto, por ahora, hay secretismo. En principio, tal y como informa aún la Armada Española en su página web el proyecto inicial estimaba su eslora en 71 metros, un diámetro de 7,3 m., 2.400 toneladas de desplazamiento en inmersión, con una dotación total de 40 marinos.
Habrá que ver en qué medida se mantienen estas características y algunas otras esperadas por la Armada como su velocidad a cuatro nudos sumergido y cargando el AIP, el sistema de escotilla que permite a un equipo de operaciones especiales salir a la superficie y actuar o la posibilidad, si se tomase la decisión política en el futuro, de armarlos con misiles Tomahawk.
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Proceso de construcción del S-80
 
Según la Armada Española, las misiones que debe desempeñar el Submarino S-80 son las que se detallan a continuación:
  • Proyección del Poder Naval sobre tierra.
  • Guerra Naval Especial.
  • Protección de una Fuerza desembarcada.
  • Vigilancia (I & W).
  • Protección de una Fuerza Naval.
  • Disuasión.
Los Submarinos S-80 deberán hacer frente, tanto en el Océano Atlántico como en el Mar Mediterráneo, a las amenazas de:
  • Campos minados.
  • Buques de superficie, con sonares activos y pasivos.
  • Aeronaves antisubmarinas, con radar, sonoboyas activas y pasivas y sonar calable.
  • Submarinos nucleares y convencionales de diseño avanzado.

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Una exigencia de la OTAN se cuela en el pacto PSOE-Ciudadanos.

Foto de archivo de la OTAN.
 
Según ha sabido ECD de fuentes militares, en las Fuerzas Armadas no ha pasado desapercibido el hecho de que en el documento de gobierno que propuso Ciudadanos al PSOE viniese una clara referencia a la operatividad militar de España.
En el apartado dedicado a propuestas de gobierno en materia de Defensa, la formación de Albert Rivera introdujo un punto por el cual se iba a “garantizar la plena operatividad de las Fuerzas Armadas asegurando el cumplimiento de las horas de adiestramiento, maniobras, horas de mar y vuelo, imprescindibles para el mantenimiento de nuestras capacidades”.
Años de recortes y amenaza de inoperatividad
De todos los aliados de la OTAN, Las Fuerzas Armadas españolas han sido unas de las que más han sufrido el impacto de la crisis económica en el último lustro. Los recortes presupuestarios tuvieron un efecto devastador sobre la operatividad de las unidades militares españolas. Solo basta para comprobarlo comparando las cifras de combustible gastado en los últimos años por Armada, Ejército del Aire y Tierra. 

Mientras en el Aire se gastaron 180 millones de litros en 2013, en 2014 tan sólo tuvieron a su disposición 37 millones. Es decir, un recorte del 80 por ciento en los depósitos de los que repostan los Eurofighters, los F-18 o los Hércules. La situación en la Armada y en Tierra no fue tan apabullante, pero afectó igualmente a la operatividad de las unidades: los buques y submarinos de la Armada salían a la mar cada vez menos, y la presencia de carros de combate y vehículos blindados en ejercicios y maniobras era cada vez más escasa.
La advertencia de la OTAN
La precaria situación de las fuerzas militares españolas no se pasó por alto en la Alianza Atlántica. Tal y como pudo saber en 2013 El Confidencial Digital, en el cuartel general de la OTAN en Bruselas circulaba entonces un informe reservado en el que se analizaba el impacto de los recortes en la operatividad militar de los aliados: España era una de las naciones peor paradas.
La advertencia de la OTAN llegó alta y clara al Ministerio de Defensa. Y continúo haciéndolo en años posteriores. Si España continuaba reduciendo maniobras y ejercicios reales y los sustituía por horas de simulador, corría peligro de formar un “ejército virtual”.
Esta figura describe, por ejemplo, el excesivo peso del entrenamiento en simulador en pilotos de caza. Cuando se abusa de esta formación, los pilotos “pueden perder ciertas rutinas de vuelo real” explicaban fuentes militares. (Jesús.R.G.)


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