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martes, 22 de noviembre de 2016

El Rey asiste al arranque de las maniobras antiterroristas con los nuevos helicópteros «Caimán».


Imagen de las maniobras

El Rey Felipe VI ha presenciado este lunes las mayores maniobras que efectúa el Mando de Operaciones Especiales (MOE) del Ejército español, en las que han actuado soldados de varios puntos del país y donde se han 'estrenado' los nuevos y sofisticados helicópteros de transporte táctico NH90, conocidos como 'Caimán'. Los dos NH90 que han actuado en los movimientos de Alicante han sido entregados hace poco más de un mes y constituyen la más reciente adquisición del Ejército de un total de 22 unidades que llegarán en los próximos años.

Se trata de una moderna aeronave de una hélice, normalmente no armada y polivalente que puede adaptarse a todo tipo de misiones, tanto en transporte de tropas como en operaciones de búsqueda y salvamento, evacuación de heridos y misiones antiterroristas. Construido por el consorcio europeo de Eurocopter y ensamblado en la factoría de Airbus en Albacete, los 'Caimán' pueden transportar a 22 soldados a una velocidad máxima de 250 kilómetros por hora, y los dos usados hoy provienen del Batallón de Helicópteros de Maniobras (Bhelma IV), con base en Agoncillo (La Rioja).


Imagen de las maniobras

Los dos 'Caimán' ha formado parte del ejercicio 'Lucentum', uno de los 15 que se han desarrollado en los diez últimos días en varios puntos de España dentro de la operación 'Empecinado', la más importante del año para el MOE y en la que han participado 900 soldados de bases de Alicante, Valencia, Valladolid, Albacete, Murcia, Cantabria, Pontevedra, León, Almería, La Rioja y Canarias. En 'Lucentum', el Rey ha seguido, en tiempo real a partir de imágenes de drones y de cámaras colocadas en los cascos de los soldados, un rápido asalto al refugio de un hipotético jefe de una célula terrorista, con el nombre ficticio de Daniel Aliatar. Don Felipe ha observado en varias pantallas del cuartel general los movimientos desarrollados en el campo de tiro del cercano municipio de Agost. Posteriormente, se ha dirigido al puerto de Alicante para observar 'in situ' la toma de un remolcador con armas consideradas 'sucias', por ejemplo químicas o nucleares, con la actuación de buzos.
Por último, Felipe VI ha asistido en el mismo cuartel a la toma de una torre ocupada por un supuesto artificiero islámico, de nombre Ismael Arman, donde también han participado helicópteros 'Tigre' y una quincena de paracaidistas desde 'Chinook'. Tras los ejercicios, el Rey ha saludado a los soldados y ha cambiado su habitual boina azul de la Casa del Rey por la clásica 'verde' de las MOE para una gran foto de familia, antes de firmar en el libro de honor del acuartelamiento Alférez Rojas Navarrete, en el alicantino barrio de Rabasa. Felipe VI también ha tenido tiempo para departir con el president de la Generalitat, Ximo Puig, y otras autoridades. El MOE es el cuerpo de elite del Ejército español y está formado por unos 900 soldados que se autodenominan 'guerrilleros' y que son expertos en operaciones que, por su alta especialización, no pueden desarrollar otras unidades castrenses, como el rescate de rehenes, reconocimientos especiales o captura de jefes de redes criminales. (Jesús.R.G.)

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Un caza ruso Su-35 desafía a la defensa aérea de España.


Madrugada del pasado jueves 17. El Centro de Operaciones Aéreas Combinadas (CAOC) de la OTAN para el tercio sur de Europa, situado en un bunker de la base aérea de Torrejón (Madrid) recibe información sobre la trayectoria de un caza ruso procedente de una base del Mar del Norte, que se encuentra en la próximo a Gijón.
El caza, un moderno Sukhoi 35 (Su-35S), no llega a entrar en ningún momento en espacio aéreo español, pero se mueve cerca del límite. El CAOC da orden a la base aérea de Zaragoza, donde suena la sirena en el barracón de alerta. En pocos minutos, dos cazas F-18 armados con misiles aire-aire que se encontraban de guardia despegan en misión ‘scramble’ hacia el Cantábrico.

Los F-18 le dan alcance en el mar de Galicia
Los F-18 alcanzan a realizar la identificación visual de la aeronave sospechosa –el objetivo de su despegue- a la altura de Galicia, en plena mar. En posición de escolta, los cazas españoles trasmiten al controlador militar que efectivamente se trata de un Su-35S. Un avión tecnológicamente muy superior a los F-18 españoles.
Según las fuentes consultadas por ECD, en ningún momento se produce comunicación por radio con el aparato. Llevaba apagado el IFF, el sistema electrónico que permite a los radares identificarlo como aeronave amiga o amenaza.

Rumbo a Rota
El caza, volando sobre la vertical del Atlántico, entra en el aérea de influencia de Portugal –sin llegar a traspasar su espacio aéreo-, donde le esperaban dos F-16 lusos también en alerta. La escolta continúa durante el tránsito paralelo a la costa del caza ruso. Alrededor de una hora después, el Sukhoi se comienza a acercar al Estrecho de Gibraltar.
Es entonces cuando vuelven a entrar en escena los F-18 españoles, que retoman la escolta. Cuando el caza ruso se encuentra casi en la vertical de la base naval de Rota, tal y como relata el periódico andaluz ‘El Diario de Sevilla’, emprende el trayecto de vuelta recorriendo prácticamente la misma ruta.

Segundo incursión rusa en mes y medio
En total, cerca de 9 horas de vuelo desde que fue detectado por primera vez por radares de la OTAN situados en el Báltico hasta su regreso a la base. “Se trata de un vuelo excepcionalmente largo para un caza, y de una prueba física durísima para un piloto” explican a ECD fuentes militares consultadas.
Esta misión ‘scramble’ no pilla por sorpresa al Ejército del Aire español. A principios de octubre, dos bombarderos Tupolev 160 realizaron un vuelo furtivo por la misma ruta que el Su-35. En su viaje, llegaron hasta el Golfo de Vizcaya y tomaron camino de vuelta. Todo seguido por cazas noruegos, británicos, franceses y españoles –dos F-18 de Zaragoza-.

Pinchando radares
Si bien sorprendió en el Ejército del Aire el vuelo de los dos Tu-160 cerca de Bilbao –un trayecto de 8.000 kilómetros-, el de este caza ha llamado aún más la atención. Precisamente por el hecho de ser un caza, con 4.500 kilómetros de alcance si vuela con un ‘pod’ de reabastecimiento –un depósito externo extra situado bajo el avión. El Su-35 tuvo que repostar en vuelo para cubrir esa distancia. “Normalmente ese tipo de vuelos no pasa de Noruega” explican voces militares.

Pero la pregunta que más se hacen en el Aire es: ¿qué hace un caza ‘solitario’ deambulando por media Europa? La respuesta de fuentes militares no ofrece dudas: “Estaba pinchando radares”. Es decir, comprobando la capacidad técnica de detección que tienen los distintos radares militares, tanto los terrestres como los de los cazas españoles.

Poner a prueba la defensa de la OTAN
En la práctica, explican, la misión del Su-35S era “comprobar cómo se comporta el sistema de la alerta de la OTAN en la vertiente Atlántica, cuál es el tiempo de respuesta y el procedimiento”. En pocas palabras, ponía a prueba la defensa aérea de varios países, incluido España. Y la preocupación va más allá cuando se tiene en cuenta el destino final del vuelo. 

La presencia del Su-35S en las cercanías de Rota se entiende en clave de desafío, ya que allí es donde se encuentra el componente marítimo del Escudo Antimisiles norteamericano. Una de las zonas más sensibles del despliegue militar de la OTAN en el sur de Europa. Tampoco ha pasado inadvertido que los dos últimos incidentes –los dos Tu-160 y el Su-35S- se produjeron cuando le tocaba ‘estar de alarma’ a los F-18 de Zaragoza, y no los F-18 de Torrejón o los Eurofighters del Ala 14 de Los Llanos (Albacete) o del Ala 11 de Morón de la Frontera.

El caza ruso más avanzado
“El Su-35S es el caza estrella de la fuerza aérea rusa” explican a ECD fuentes militares. Tiene una maniobrabilidad que supera a prácticamente todos los aviones militares del mundo. El Su-35S es un caza a camino entre la cuarta (F-18) y quinta generación (Eurofighter). Se trata de un aparato de dimensiones reducidas y con tecnología punta, especialmente en lo que se refiere a contramedidas electrónicas y radares. “El radar de barrido electrónico Su-35S es capaz de ver a los F-18 españoles antes de que estos lo vean a él” explican. Tiene un alcance de 400 kilómetros de distancia.

El sistema puede ‘mapear’ todas las aeronaves que se encuentran en su radio de acción y seguirlas en todo momento. Además, puede enviar esos datos a otros cazas, de forma que pueden atacar a objetivos enemigos sin utilizar su radar propio y, por tanto, revelar su posición. Además, la configuración del aparato hace que disminuya su firma de radar, por lo que resulta “muy difícil de ver” en los centros de control aéreo.