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miércoles, 18 de febrero de 2015

Submarino Seawolf, el precedente norteamericano de los problemas que acuciaron al S-80.

El ministro de Defensa, Pedro Morenés, afirmó en una respuesta parlamentaria el pasado abril que los problemas detectados relacionados con el peso en el programa de submarinos S80 son habituales. Sin ir muy lejos, la misma empresa norteamericana contratada un año antes para evaluar esas dificultades, Electric Boat, ya se había enfrentado a unos contratiempos muy similares en su propio suelo: Estados Unidos, superpotencia indiscutible en la construcción de sumergibles. En aquella ocasión, los norteamericanos optaron por anular la construcción de 26 de los 29 sumergibles Seawolf previstos por un encarecimiento del programa tras verse obligados a modificar el peso de las naves.

“Estados Unidos ha tenido exactamente el mismo caso [que el S-80], y precisamente de cómo ha reaccionado la Marina Americana y Electric Boat hemos aprendido muchísimas lecciones”, explica el director del Astillero de Cartagena –donde se construyen los S-80–, el almirante José Manuel Sanjurjo. Sanjurjo impartió una clase magistral (en la foto) en el 53º Congreso de Ingeniería Naval e Industria Marítima el pasado otoño en Cartagena, y allí recordó el caso norteamericano, del que, admite, “hemos extraído muchas soluciones que estamos aplicando en nuestra transformación”, no sólo del submarino, sino del astillero al completo. Fabricar un submarino es un proceso tremendamente complejo no exento de riesgos, subrayó en su ponencia. Por este motivo, añadió, no es casualidad que los únicos capaces de fabricar diseños propios “partiendo de cero son prácticamente los países del G-8, descontando a China”

 Un desarrollo de esta naturaleza “requiere una capacidad tecnológica, industrial y de gestión de programas complejos importante, y eso lo tienen muy pocos países”.

Cuando aparecieron las dificultades en el S-80 en 2013 el Ministerio de Defensa encargó con rapidez a Electric Boat una auditoría para entender qué estaba ocurriendo y buscar posibles soluciones. El trabajo fue breve, “pero tremendamente preciso”, explica el responsable del astillero cartagenero. En la confección de lo que Sanjurjo define como “radiografía perfecta de lo que nos estaba pasando”, la empresa norteamericana jugó en su auditoría con la ventaja de la experiencia que le aportó más de una década antes el fracaso de la clase Seawolf.

Los SSN Seawolf se concibieron en plena guerra fría cuando Estados Unidos fue consciente de que la Unión Soviética contaba con mejor tecnología en submarinos sigilosos, recordó el director del astillero de Cartagena. El objetivo era lograr el sumergible más silencioso de la época, lo que se consigue“normalmente a costa del peso. Finalmente, añadió, “el Seawolf se les fue de peso y cuando quisieron rectificar, y de una manera parecida a la que estamos haciendo nosotros, aumentando su eslora y tal, se les fue de coste y el Congreso canceló el programa”. Al final únicamente se construyeron tres, una décima parte de lo previsto originalmente.

La decisión resultó traumática, apuntó Sanjurjo. Electric Boat no desapareció “porque era una industria estratégica”, pero “se vio obligada a despedir prácticamente al 50 por ciento de su plantilla e inició un proceso de transformación bastante parecido al que estamos haciendo nosotros. De hecho nosotros no estamos dando ahora un salto en el vacía, sino que prácticamente estamos siguiendo aguas acomodando nuestro caso a lo que en su momento hizo Electric Boat y la Marina Americana”.
En Estados Unidos la solución llegó con el nacimiento de una nueva clase, menos costosa: la clase Virginia. Ahora, ante el problema del S-80 se tiró del llamado “Informe del Virginia”, en el que se recogen las  lecciones aprendidas con aquella clase que nació “como consecuencia de la catástrofe del Seawolf”. “Realmente a nosotros nos sirvió”, explicó Sanjurjo en su ponencia frente decenas de ingenieros navales. “Hombre, es un caso muy similar, así que apliquemos las mismas lecciones que el Virginia”, se plantearon en la empresa. “Nos sirvió mucho para sacar lecciones y aplicarlas a nuestro caso”. En resumen, apuntó, Electric Boat, cuando auditó al S-80 “más o menos lo que vino a decir es” que además de “un problema de diseño del submarino”, Navantia Cartagena también adolecía de “problemas estructurales, organizativos, de comunicación interna, etc.”

“O nos transformamos o desaparecemos”
Una vez con el informe específico sobre el submarino español en la mano, en Navantia “hicimos una autocrítica interna tremenda y lo utilizamos como la brújula para todas las modificaciones que hemos  venido haciendo desde entonces”. De ahí que, junto al rediseño del submarino, se optase por la “transformación” estructural del astillero. De hecho, concluyó, “llegamos a la conclusión de que o nos transformamos o desaparecemos”. Una vez con la solución encauzada, el almirante Sanjurjo recordaba en su ponencia frente al auditorio especializado de Cartagena el panorama desolador que se vivió en la empresa un año antes: “Teníamos una producción lanzada a bastante velocidad y un diseño que era inviable. 

Ya os podéis imaginar lo que eso supone en un escenario industrial: parar la producción, renegociar contratos, etc.” Además, apuntó, “todo esto nos ocurrió probablemente en el peor momento: en plena crisis económica” y en un importante escenario de transformación industrial. En un momento así la empresa quedó eventualmente “fuera de un mercado tan volátil como es el defensa”. Ahora, afirmó el jefe del astillero donde se construyen los sumergibles españoles, el objetivo no sólo es recuperar esa presencia ante los posibles clientes sino, además, aprovechar la profunda transformación a la que se ha visto obligado el astillero para llegar en mejores condiciones que la competencia. “Si queremos vender submarinos tenemos que jugar en primera división, y ahí no se puede jugar con camisetas remendadas ni botas de segunda mano: hay que ponerse las pilas”, concluyó el almirante. (Jesús.R.G.)


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