martes, 30 de mayo de 2017

Desembarco con el 'puño ofensivo' de la Armada.



Desembarco con el 'puño ofensivo' de la Armada.

Cada pocos segundos, la proa chata de la lancha de desembarco LCM-1E impacta contra las olas de metro y medio. El agua, pulverizada, rocía entonces toda la embarcación y penetra, por las torretas de sus ametralladoras Browning de 12,70 mm, en los Vamtac (Vehículo de Alta Movilidad Táctico) que transporta. Las cuatro alargadas LCM-1E (de 23 metros de eslora) avanzan, a unos 13 nudos y casi surfeando sobre el oleaje, hacia la playa de Barbate tras haber salido de las entrañas del buque de asalto anfibio ´Castilla´ (L-52), una de las joyas de la fuerza naval española. La primera ´ola´ traslada a la costa a 80 de los 399 infantes de Marina y a parte de los 31 vehículos blindados (Hummer, Vamtac, un buldócer y camiones) que participan en la ´Operación Sword´. Esa maniobra, que tuvo lugar el pasado 17 de mayo en esa extensa playa gaditana del Campo de Adiestramiento de la Sierra del Retín, está incluida en el riguroso ejercicio de evaluación de combate que, anual y rotatoriamente, pasa uno de los dos batallones reforzados de desembarco para comprobar su capacidad logística y operativa. 

Desembarco con el 'puño ofensivo' de la Armada.

Si aprueba, significa que se acredita su alta disponibilidad, es decir, que puede activarse antes de 48 horas en caso de que se requiera su intervención. El Tercio de la Armada de la Infantería de Marina, a cuyo frente se encuentra un ibicenco, el general de brigada Antonio Planells Palau, ya ha demostrado esa capacidad en operaciones desarrolladas en Líbano o en Haití. El escenario imaginario donde se desarrolla esa operación es Blueland, un país ficticio que tiene un problema fronterizo con su vecino y que, además, recibe «la amenaza asimétrica» de un grupo terrorista, según explica José Ignacio Yáñiz López, teniente coronel comandante del Segundo Batallón de Desembarco de la Infantería de Marina, a bordo del ´Castilla´ poco antes de que comience el ejercicio por tierra, mar y aire. Una vez se asegure toda la zona mediante una «operación de limpieza y control», procederán a «transferirla» a las autoridades de Blueland. Si todo sale bien, reembarcarán a las 4 horas de la madrugada, de noche, y en Blueland reinará la paz. Pero todo comienza muchas horas antes, cuando «al alba y con tiempo duro de levante, con fuerte levante», que diría Federico Trillo, despega de la base de Rota un SH-3D/W de la 5ª Escuadrilla de Aeronaves. 

Desembarco con el 'puño ofensivo' de la Armada.

A las 9 horas, esta ´Morsa´, como es apodada, despliega sus cinco palas, mientras sus dos turbinas atruenan en el aeródromo, en cuyo hangar, momentos antes, no sonaban a todo volumen marciales marchas militares, sino el bailongo ´Symphony´ de Clean Bandit. El Sea King, igual al que, frente a las costas de Yemen, abordó al buque norcoreano ´So San´ en la ´Operación Socotra´ (en sus bodegas transportaba 15 misiles Scud), se eleva suavemente, para luego cabecear hacia delante y poner rumbo al ´Castilla´ siguiendo la costa de Cádiz. Pese al intenso levante, que mosquea a los paisanos del lugar, a los 35 nudos que baten esa zona de la costa, los dos pilotos posan dulcemente el helicóptero sobre la cubierta de vuelo (de 1.340 metros cuadrados). El mar está picado y dentro del buque, pese a sus 165 metros de eslora, se percibe el balanceo. Justo en esos momentos, una veintena de infantes de marina, ataviados con uniformes árido pixelado y pertrechados con chalecos tácticos (protegidos con una delgada capa de kevlar), asisten en el hangar a una charla informativa sobre qué deberían hacer en caso de que el SH-3D/W amerizara (y girara 180 grados sobre sí mismo). 
 
«Se lo saben de memoria, pero forma parte del protocolo», señala el sargento 1º Francisco Javier Sánchez, responsable de explicar cada detalle del ejercicio de evaluación. Sus cascos, ametralladoras Minimi y ligeros fusiles de asalto G-36E (cuando se mira a través de sus visores holográficos o se emplean sus punteros láser se tiene la sensación de jugar a ´Call of duty´) están arrumbados a un lado. Los soldados que escuchan atentamente forman parte de una unidad de reconocimiento y adquisición de blancos (TAR), que será trasladada en breves minutos, de 15 en 15, para infiltrarse en Blueland a bordo de los ´Morsa´. Son la avanzadilla, los que informarán sobre las condiciones de la playa, el oleaje, la posición de las fuerzas enemigas... Entre ellos figuran tiradores de precisión, como los que en la ´Operación Socotra´ y desde la fragata ´Navarra´ (que se divisa desde el ´Castilla´ en el ejercicio frente a las costas de Cádiz) reventaron con sus disparos los cables que cruzaban de lado a lado el buque norcoreano. «El ojo se educa con adiestramiento», aseguran los del Tercio. Sus mandos aseguran que son «gente con temple, de bajas pulsaciones».


Puño ofensivo, mano tendida
Desembarco con el 'puño ofensivo' de la Armada.


El ´Castilla´, que fue el puesto de mando durante la ´Operación Romeo Sierra´ de desalojo del islote de Perejil en julio de 2002, es como una ciudad flotante. Incluso dispone de un hospital con dos quirófanos, una UCI, sala de Rayos X y de infecciosos... Amaya de Mingo, capitán enfermera, recuerda con orgullo que dos bebés nacieron en una de sus salas durante la misión de ayuda humanitaria en Haití (´Operación Hispaniola´) en el año 2010, tras el terremoto que asoló ese país. Decidieron que parieran a bordo debido «al peligro que corrían las madres». El ´puño ofensivo´ de la Armada, como se conoce a la Infantería de Marina, también es una mano tendida. Las 195 personas de la dotación del ´Castilla´ y los 399 infantes de Marina que participan en este ejercicio, distribuidos en diversos sollados del buque, se rotan para comer el rancho: desde el comandante de la nave, Enrique Núñez de Prado, o el teniente coronel Yáñiz, hasta el último soldado raso, probarán el mismo menú: pollo asado, calamar guisado con patatas, judías verdes y macedonia de frutas. Y cada uno se sirve su propio plato. El movimiento es incesante en todo el ´Castilla´, donde hay apostados tiradores a ambos lados de los ajetreados puentes de mando y de vuelo. Los helicópteros SH-3D/W y Argo H-500 (estos de la 6ª Escuadrilla) despegan y aterrizan sin parar. 
 
Y las unidades de la Infantería de Marina que desembarcarán en la primera ´ola´ se colocan casco y chaleco, recogen su armamento ligero y descienden a las entrañas del ´Castilla´, donde les aguardan las cuatro lanchas de desembarco. Las LCM-1E se encuentran varadas y abarloadas en un dique interior seco que, tras abrir el portón, se inunda poco a poco. En cuanto las cuatro barcazas comienzan a flotar, se golpean y rozan entre ellas y contra el casco, forrado, como el suelo, de madera para amortiguar los impactos. Los chirridos metálicos y ensordecedores retumban en esa amplia bodega mientras el ´Castilla´ se escora de popa para rellenar el dique y se coloca de proa a las olas, de metro y medio, para evitar que batan en su interior. Los soldados, ya pertrechados, suben a las embarcaciones por los portones delanteros, aún bajados, y se despliegan bien en el interior de los Vamtac o de los Hummer, bien en el espacio que queda en los laterales de la cubierta. «Está bueno», dice con sorna un infante a otro tras echar un vistazo, a través de un portón, al oleaje. El mar está picado, con olas de metro y medio. Al sur se distingue la afilada línea de costa de Marruecos.


Fuera del ´Castilla´
Las LCM-1E arrancan motores mientras se completa la apertura del portón del ´Castilla´, a tiempo para que la bodega, en la que empiezan a masticarse los gases que emanan de sus motores, se ventile. Poco se ve desde el interior del blindado Vamtac, de pequeñas ventanillas, lleno de cables y protecciones y cuyo espacio interior apenas permite movimientos, más cuando se va equipado con casco, chaleco salvavidas y técnico. Al menos, los fusiles G-36E reposan en un armero de los asientos traseros.
 
Las cuatro embarcaciones parten a la vez, pero dos de ellas deberán esperar en un punto de encuentro a que las otras dos, las situadas más a popa, vuelvan a adentrarse en el buque para cargar a más infantes de marina, que esperan en filas, y con el fusil, la ametralladora o los anticarros entre los brazos, a que llegue su turno. Fuera, el estado del mar no es apto para quienes tengan tendencia a marearse. Las olas balancean las dos lanchas mientras aguardan, en reposo, a que lleguen las otras dos. Pero aún se agitan más cuando enfilan proa rumbo a la playa de Barbate y sus portalones impactan contra el oleaje. Las salpicaduras de agua salada penetran constantemente por la torreta superior del Vamtac (esa plataforma porta, además, dos Hummer) e impiden ver con nitidez a través de las ventanillas laterales, aunque los limpiaparabrisas facilitan la visión por delante. Las cuatro LCM-1E, en paralelo, avanzan hacia la costa para varar en la arena justo a las 15 horas. A la hora H.

El portón cae tras tocar playa. Pero antes de que los vehículos, ya destrincados, desciendan y se dirijan a tierra, un guía de la OMP (Organización de Movimiento en Playa, que orienta el desembarco) supervisa el entorno de la nave: es preciso saber si hay alguna poza en la que puedan hundirse los soldados o bien un camellón, una joroba en la arena producida por la sacudida de la LCM-1E al varar, que puede provocar el encallamiento de los Vamtac. Al salir estos de las lanchas, el agua les llega a los faros. A los infantes de Marina, un12% de ellos mujeres, casi hasta el vientre. Empapados, con casi 20 kilos de peso a sus espaldas (entre armamento, ordenadores, radio, armas, municiones y las raciones de combate), salen en cuanto pueden del mar y corren luego al trote hasta la cabecera de playa, para después desplegarse en medio del vendaval de Levante que azota Barbate.

Mientras, en Los Conejos, en el interior del campo de adiestramiento, el teniente coronel Xisco Guerrero Mayol dirige el puesto de mando, tres tiendas de campaña unidas por conectores (conducción de operaciones, planeamiento e inteligencia) y con forma de letra u, que está rodeado por una concertina. Si la fuerza bruta reside en el batallón reforzado de desembarco, el cerebro se encuentra bajo estas lonas, que cubren aparatos de comunicación vía satélite o por radio («siempre hemos de tener alternativas para comunicarnos», explica el teniente Méndez, ingeniero de Telecomunicaciones) y ordenadores. Aquí es donde «se piensa», donde el Estado Mayor de la brigada debe decidir, una vez analizada toda la información que les llega, los pasos que se darán. Guerrero, mallorquín del Port de Sóller, cree que esa información es crucial para actuar con cautela y evitar daños irreparables: «Una acción, cuanto más quirúrgica, mejor», sostiene. Al enemigo, añade, «se le debilita con inteligencia» y, de paso, «se evitan así los daños colaterales».


Guerra electrónica
Desembarco con el 'puño ofensivo' de la Armada.


La información les llega encriptada, de la misma manera que envían las órdenes a través de mensajes de texto. Un ordenador portátil se encarga de descifrarlos. Y hay algo que tienen muy presente en todo momento: de la misma manera que observan, pueden ser observados. La luz del interior de las tiendas o el calor pueden delatarlos, razón por la que usan medidas preventivas. Los tiradores de precisión, los Chris Kyle de la Armada, proporcionan buena parte de esa información, pero además disponen de una herramienta que ya se ha convertido en indispensable: los drones, de alas fijas o rotatorias, sofisticados, algunos minúsculos, que manejan con tablets y que les envían señales en tiempo real.




Con un fusil G-36E en las manos el entorno parece un videojuego. Pero el teniente coronel Guerrero Mayol juega realmente a la guerra electrónica con esos drones y con perturbadores, inhibidores, sensores, sismógrafos para detectar desde vehículos a pisadas humanas, cámaras térmicas e infrarrojos, útiles que «permiten seguir a personas y la huella electromagnética que dejan a su paso». Precisamente, en un par de horas dan un ´salto´: abandonan el actual puesto y se dirigen a otro para no ponérselo fácil al enemigo. El juego, que en la vida real es a vida o muerte, no tiene fin, aunque en este ejercicio de evaluación concluye a las 4 horas, bajo la luz de la Luna menguante y con todos sus jugadores empapados. (Jesús.R.G.)

Fuente: http://www.diariodeibiza.es/
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El gasto de defensa en España: objetivos estratégicos, militares e industriales.

Antes que decidir cómo se cumple el compromiso de incrementar el presupuesto de Defensa al 2% del PIB, debe reflexionarse sobre los objetivos estratégicos y las capacidades militares, así como los retornos industriales y tecnológicos, asociados con esa inversión.

Resumen
En el caso hipotético de que España se decida a implementar el acuerdo al que se comprometió en la Cumbre de la OTAN en Gales de 2014, y por el que debía incrementar su presupuesto de Defensa hasta un 2% del Producto Interior Bruto (PIB) en el año 2024, su materialización presenta retos difíciles y oportunidades importantes. Precisamente por eso es necesario que cualquier esfuerzo encaminado a aumentar el presupuesto de la Defensa Nacional esté anclado en una reflexión previa sobre los intereses estratégicos de España a los que debe servir, sobre las capacidades militares que debe atender, en los retornos industriales y tecnológicos que puede conseguir y en el impulso que puede dar a la cultura estratégica nacional.

Análisis
A menos de siete años para alcanzar en 2024 un aumento del presupuesto de Defensa equivalente al 2% del PIB español (un 20% de ese porcentaje en equipo), el Gobierno se enfrenta al reto que supone la materialización de ese gasto. Entre otros aspectos, tiene que establecerse la necesidad estratégica que lo justifique (amenazas, riesgos, prioridades), las capacidades militares a conseguir (conceptos operacionales, transformaciones en el carácter y estructura de la fuerza, instrucción, formación, adiestramiento y alistamiento) y los retornos que puede dar a la riqueza y la economía nacionales (industria, empleo, tecnología, investigación, desarrollo e innovación). Además, y dado que el plazo fijado en la Cumbre de Gales para alcanzar el objetivo presupuestario fue el de 2024, sólo se cuenta con menos de siete años para planificar, de forma ágil, un amplio programa integral que incluya las capacidades militares adecuadas, el nivel tecnológico a alcanzar y el papel de la industria nacional. Dada la importancia de las decisiones a tomar, estas deben contar con la participación del Gobierno, la Administración, las Comisiones de Defensa de las Cortes Generales, las Fuerzas Armadas, el sector industrial y las comunidades científica y académica.

La decisión de los aliados de la OTAN de incrementar los presupuestos de Defensa se ha producido tras un largo período de austeridad presupuestaria entre los miembros europeos que ha mermado significativamente su capacidad para ejercer poder militar y, por tanto, para ejercer la influencia europea en asuntos internacionales. Si tomamos el gasto militar en relación con el PIB como indicador de la disposición a ejercer poder en la esfera internacional, actualmente Europa representa el 25.4% del PIB mundial y el 22.6% del gasto militar, mientras Asia posee el 31.5% del primero y el 25.6% del segundo. Estos datos dan idea de que, en lo que al llamado “poder duro” se refiere, Europa ha sido superada por Asia. Esto explicaría en buena parte el giro estratégico de EEUU hacia ese continente durante la última década, y podría contribuir a fomentar la percepción entre las elites políticas estadounidenses de que Europa ya no es la principal fuente de aliados capaces. La debilidad relativa del Reino Unido, Alemania y Francia, y su dependencia de los “posibilitadores operacionales” estadounidenses sin los que no es posible desplegar y sostener fuerzas, hace más difícil la contribución activa desde Europa a las acciones estratégicas globales de EEUU.

Aunque, por sí solo, un determinado porcentaje del PIB no es el mejor ni el único de los parámetros para valorar el esfuerzo en Defensa de una nación, sí que constituye una magnitud objetivable que aporta una referencia de su actitud como actor estratégico y aliado fiable. A la vista del creciente deterioro en la capacidad militar europea, en septiembre de 2014, en la Cumbre de la OTAN de Gales, se fijó un plazo de 10 años para implementar el compromiso de alcanzar por cada aliado un incremento del presupuesto de Defensa hasta el 2% del PIB para aquel que no lo alcanzase. Dicho acuerdo se alcanzó en medio del ambiente de alarma provocado por la anexión de Crimea por Rusia y el deterioro de la situación militar en el Dombass ucraniano, un deterioro que forzó a la OTAN a modificar su postura militar y desplegar fuerzas. Al igual que sus predecesoras, la Administración Trump ha exigido el cumplimiento del acuerdo del 2%, que se ha llegado a predicar como elemento condicional para el apoyo estadounidense a la Alianza Atlántica. 

Habrá que estar pendiente de las conclusiones de la reunión de la OTAN del próximo 25 de mayo en Bruselas para saber cómo van a cumplir los aliados esos compromisos de forma que refuercen la actitud del presidente Trump hacia la Alianza, que ha pasado de criticarla durante la campaña electoral a considerarla útil tras su toma de posesión. El cumplimiento debería verse favorecido por decisiones colectivas como la de la UE para impulsar su Política Común de Seguridad y Defensa, que en sus declaraciones, como la Declaración de Roma del 25 de marzo de 2017 en Roma, que en su punto 4 se muestra dispuesta a: “Una Europa más fuerte en la escena mundial: una Unión que siga desarrollando las asociaciones existentes, creando otras nuevas y promoviendo la estabilidad y la prosperidad en su vecindad inmediata al este y al sur, y también en Oriente Próximo, en África y en el mundo; una Unión dispuesta a asumir más responsabilidades y a ayudar a la creación de una industria de defensa más competitiva e integrada; una Unión comprometida con el refuerzo de su seguridad y defensa comunes, también en cooperación y complementariedad con la Organización del Tratado del Atlántico Norte…”.
 
El caso español
Como es bien sabido, España viene ocupando uno de los últimos lugares de la OTAN en gasto militar de acuerdo con su PIB. Ese hecho no es sorprendente dada la escasa importancia política que, tradicionalmente, se le da a la Defensa en España debido a la ausencia de una cultura estratégica nacional, con la consiguiente falta de debate político serio sobre los intereses estratégicos de España. Esta situación contrasta con la de países de nuestro entorno inmediato, como Francia y el Reino Unido. En este sentido, la implementación del compromiso internacional adquirido por el Gobierno para aumentar el presupuesto de Defensa de España debería estar precedido por un intenso ejercicio de comunicación estratégica, haciendo de la necesidad del cumplimiento una virtud, el Gobierno tendrá que realizar un esfuerzo importante para compensar el déficit de atención política y ciudadana a la Seguridad y Defensa Nacional y articular una reflexión nacional sobre los parámetros estratégicos, de desarrollo de capacidades y tecnológico-industriales que deben guiar un posible aumento sostenido del presupuesto de defensa nacional.

Aunque desde el Gobierno se ha mostrado cierta predisposición al aumento del presupuesto de Defensa,2 hasta el momento, tanto desde el ámbito político como del mediático, el tema se ha tratado con muy escasa atención, derivándose la sensación de que el aumento del 2% se trata de una especie de “cuota” por pertenencia a un club y que, pasados ciertos momentos de tensión, se podrá continuar en la Alianza, en una situación muy parecida a la presente. Sin embargo, un aumento de “cuota” que dobla el presupuesto tradicional, algo sin precedentes en la historia reciente española, tiene implicaciones mucho más relevantes que precisan reflexión. Antes de que se autorice el aumento presupuestario y se decida el proceso de implantación progresiva, habrá que plantearse cómo y en qué se emplearía el recurso financiero en tres niveles: político-estratégico, militar y tecnológico-industrial. En el nivel político-estratégico, la decisión cuenta con la dificultad de explicar a una sociedad, la española, acostumbrada a recortar su gasto en Defensa, mucho más que sus vecinos, el por qué se debe revertir esa tendencia. Se necesitaría, ante todo, una actitud política y social favorable, fruto de una intensa pedagogía, que asumiera la necesidad de que España debe realizar un esfuerzo de Defensa proporcional a los nuevos riesgos a que se enfrenta en un nuevo Orden Mundial y para ser estratégicamente relevante. 

Esta cultura estratégica está fuertemente arraigada entre socios de referencia como Francia y el Reino Unido –no digamos EEUU– que cuentan con numerosos centros de pensamiento en asuntos estratégicos, los cuales contribuyen a fomentar el debate sobre temas de seguridad internacional entre la clase política, la academia y en la sociedad civil y a garantizar su presencia mediática. Están también acostumbrados a un constante desfile de expertos ante las Comisiones parlamentarias de Seguridad y Defensa de sus respectivos parlamentos, a la presencia de expertos y centros de estudios estratégicos en sus universidades y al trasvase de personal experto en asuntos estratégicos entre el gobierno, las universidades y los think-tanks. Esta “infraestructura de cultura de defensa” juega un papel clave a la hora de garantizar que la Política de Defensa de esos países, pues no se elabora sólo por una elite gubernamental burocrático-militar “a puerta cerrada” sino que se nutre de los recursos intelectuales y tecnológicos disponibles en la sociedad, y ésta sostenida por un fuerte escrutinio y apoyo político y social.

Uno de los primeros requisitos sería la toma de conciencia de que, en las dos últimas décadas, en el plano estratégico España, manteniendo su carácter de nación marítima, ha pasado de estar en retaguardia durante la Guerra Fría a ser “frontera” con la zona más inestable del planeta y que esa circunstancia tiene serias consecuencias. En ese nuevo ambiente, hay que valorar nuevas amenazas y riesgos, y situar nuestras necesidades específicas de seguridad y defensa dentro del contexto geopolítico con nuestros aliados. Su exposición particular en primera línea frente a todos los riesgos y amenazas, tanto al propio territorio, a Europa como a Occidente, constituye una “especificidad estratégica” que es imprescindible explicar a la sociedad española como elemento de concienciación que se precisa. Para atender esa necesidad son indispensables recursos adicionales tanto para actuar con capacidad autónoma como para cooperar bilateral o multilateralmente con sus aliados y socios de la UE y de la OTAN.

La capacidad militar tanto de protección del territorio nacional y del control de los accesos marítimos y aéreos, como de proyección de poder militar para contribuir a las necesidades de defensa colectiva y posibilitar la presencia estratégica de España en el mundo, son los supuestos que determinan las necesidades básicas de la defensa de España. Como miembro de la OTAN, la contribución principal de España a la Alianza debe ser una aportación de fortaleza: la garantía de defensa territorial propia en el nuevo contexto estratégico. Dado que España es limítrofe con la zona de inestabilidad geopolítica que envuelve el área europea, esta contribución nacional es aplicable a la Política Común de Seguridad y Defensa de la UE. Por lo tanto, el ejercicio de liderazgo y la pedagogía del esfuerzo presupuestario comprometido deben argumentarse en función del nuevo “imperativo estratégico”. 

El marco de la innovación militar
Estamos en una revolución tecnológica, un caótico período de cambio, que altera profundamente la forma en que vivimos, nos relacionamos y trabajamos. Los avances tecnológicos han configurado una nueva realidad mundial que, aunque mantiene intacta la naturaleza de la guerra, influye en la forma de hacerla lo que, unido a las circunstancias geopolíticas consideradas anteriormente, hace necesario un nuevo enfoque en la aplicación del poder militar. En el plano militar, la revolución tecnológica está afectando de forma radical a las capacidades militares entendidas en sentido amplio no como equipos en su acepción más restringida sino como un conjunto de elementos doctrinales, orgánicos, operacionales, logísticos, de alistamiento, formativos y otros que apuntan a un salto cualitativo en la “cultura institucional” del futuro. 

El instrumento militar se tendrá que emplear en un ambiente operativo de “multi-dominio” en el que hay que añadir a los dominios terrestre, marítimo, aéreo y espacial, el del ciberespacio. La irrupción de la cibernética como “competencia esencial” (core competency) de la Defensa es obligada en una sociedad digital donde las relaciones de poder se juegan en todos los dominios. Los estudios en curso para implantar el “multi-dominio” como esencia del ambiente operacional presente y futuro, apuntan a que los dos principales efectos de esta circunstancia en las operaciones afectan a los procesos de planeamiento, decisión y ejecución, así como en la determinación y consecución de la “superioridad” de dominio. En el futuro esos procesos tendrán que ser más breves, el traslado a vanguardia de nuevas capacidades será limitado y se impondrán las ordenes “tipo misión” que promuevan la iniciativa, ya que las comunicaciones terrestres o espaciales pueden verse degradadas.

El ambiente operacional “multi-dominio” debería constituir la premisa conceptual para emitir la doctrina de actuación militar que conformase nuevos conceptos operativos que sirviesen de referencia para el proceso de identificación, desarrollo y adquisición de tecnologías, algo que debe complementarse con la manera de integrar las nuevas capacidades en un todo coherente. Todo un reto para la “cultura institucional” de unas Fuerzas Armadas que, como en las de nuestro entorno, no siempre son receptivas a la necesidad y urgencia de los cambios. En el ambiente operativo actual, la actuación en un dominio tiene efectos en otro, o en todos los demás, produciéndose un efecto acumulativo, el denominado “intersección dependiente”. El factor causante de esa dependencia es la influencia del espectro electromagnético (EMS) en la totalidad del contexto operativo. El EMS empodera al dominio espacio, permitiendo o negando la actuación de “posibilitadores operacionales” en los otros dominios físicos. El resultado final en el plano militar del incremento presupuestario debería ser el de adquirir capacidad de adaptación al nuevo ambiente operativo. 

No se trataría, por tanto, de establecer apriorísticamente una finalidad de refuerzo de lo que existe ni de “conservar” las herramientas y procedimientos militares concebidos para situaciones operativas superadas. Se impone la gestión de un nuevo contexto de naturaleza permanentemente evolutiva para lo que se necesita capacidad y resiliencia. Capacidad teniendo en cuenta la nueva realidad, el ámbito “multi-dominio” y operar un verdadero “sistema de sistemas”. Resiliencia para hacer frente a prolongados períodos de actividad y cambiantes configuraciones de las amenazas, lo que conforma la necesidad esencial de disponer de recursos adecuados, sobre todo el humano, por lo que es esencial disponer de una Reserva adecuada. El reto para las Fuerzas Armadas españolas se materializa en adaptar su doctrina, conceptos, enseñanza, estructuras de fuerza y capacidades, ahora concebidas para un ambiente operativo de dominios específicos, a otro ambiente que les permita desarrollar conceptos operativos en el que se fijen las actuaciones específicas para la nueva realidad. Teniendo en cuenta que la adaptación no será posible si no se logran superar las barreras burocráticas y las inercias institucionales habituales, serían necesarias dos esfuerzos innovadores. 

Primero, un amplio diseño de transformación que haga de las Fuerzas Armadas un instrumento militar capaz de apoyar los nuevos conceptos operativos y obtener ventaja competitiva sobre los potenciales adversarios. Segundo, la adaptación del Órgano Central a la nueva realidad, potenciando su capacidad para fijar y obtener las necesidades de personal, militar y civil, tanto cuantitativas como de capacitación, junto con el desarrollo de la legislación que posibilite la formación de una Reserva capaz de movilizarse eficazmente, así como el desarrollo de una estructura de gestión presupuestaria adecuada para gestionar el nuevo marco de innovación, gestionar programas de sistemas para configurar capacidades y apoyar a la industria propia en el ámbito internacional. El planeamiento del proceso de reformas debe prestar atención prioritaria a la obtención y retención del personal civil y militar cuya cualificación permita la innovación en el ámbito tecnológico, en el desarrollo de conceptos operacionales basados las nuevas tecnologías y la gestión de organizaciones con dinámica innovadora.

La innovación tecnológica e industrial
En el nivel industrial y tecnológico, el 2% habría que contemplarlo como un gran esfuerzo de recapitalización de la Defensa basado en un impulso de innovación integral que requeriría la combinación de la capacidad tecnológica con el arte operacional, a la vez que se actualizase la capacitación tanto individual como colectiva del personal civil y militar. 

Dados los enormes avances tecnológicos y la competición entre los nuevos “sistemas de armas”, la complejidad de las “plataformas” militares ha aumentado exponencialmente en los últimos dos decenios, provocando la necesidad operativa de emplear simultáneamente diferentes plataformas como parte un “sistema de sistemas” lo que constituye una tarea de gran complejidad, convirtiendo la fabricación de armamentos en un reto empresarial difícil. Por otro lado, cada vez es mayor la aplicación militar de las tecnologías comerciales por su adecuación, fácil acceso y bajo coste, una circunstancia que permitiría a los potenciales adversarios el diseño y puesta en práctica de novedosos conceptos operativos con la finalidad de negar el empleo de las capacidades propias. Este hecho empieza a conocerse como la “democratización de la precisión”. El proceso de innovación tecnológica necesita ser finalista, capaz de desarrollar las capacidades militares que se precisen para mantener la ventaja competitiva sobre los potenciales adversarios y fomentar la competitividad del sector industrial en el mercado exterior. Acumular capacidades militares e industriales no adecuadas para una estrategia renovada, llevaría el incremento presupuestario por la senda del gasto en lugar de por el de la inversión. 

Para ello el incremento presupuestario debe contemplarse como una gran inversión que busca retornos para las capacidades y riqueza nacionales. Los Ministerios de Defensa e Industria, desde el conocimiento del nivel de capacidad tecnológica nacional, de innovación del sector privado, industrias de Defensa y otras, deben impulsar la incorporación de sus capacidades al potencial nacional, recíprocamente desde la industria, se trataría de esforzarse en la adaptación para tratar de colmar las necesidades presentes y tendenciales de la Defensa. Como consecuencia, se deberían habilitar los incentivos necesarios para que la industria reconociese un beneficio empresarial en forma de competitividad, principalmente en aquellos casos en empresas cuya producción son sistemas específicamente militares. El modo más fiable de esta reciprocidad sería la sólida institucionalización de la relación entre Ministerios, industria nacional y comunidad científica, mediante la creación orgánica de la Jefatura de Innovación en la Secretaria de Estado de Defensa, que integraría a la Junta de Innovación de la Defensa con representación de la comunidad científica y empresas.

Es necesario que el ámbito empresarial español tome conciencia de las expectativas de capitalización de la defensa, tanto las señaladas en España como las que provengan de los programas de incentivos a la industria europea destinados por la Comisión en su European Capability Action Plan (ECAP) y otras ayudas previstas, que abren unas nuevas de perspectivas de futuro para la industria de defensa europea, hasta una hipotética integración, y donde la competitividad será un factor esencial. Para ello, es urgente diseñar, con sólido apoyo gubernamental, una visión de la actuación estratégica de la industria española que incluya: prioridades, capacidades específicamente nacionales y aquellas que se puedan compartir y con quién, así como los “nichos tecnológicos”, pues en ello se juega parte de la soberanía. Dicha visión debe debatirse en sede parlamentaria, dado que en ello se juega parte esencial del interés nacional.
Conclusión
El incremento del 2% del PIB debería de asumirse como una imperiosa necesidad de Seguridad Nacional, no por “imposición” foránea. La próxima edición de la Estrategia de Seguridad Nacional debería contemplar este factor como elemento esencial de la misma. El necesario debate político y social representa una gran oportunidad para concienciarse de la situación geopolítica y de Seguridad Nacional sobrevenida por la necesidad de defender la frontera Sur de la UE y de la OTAN. 

Reducir el debate a su cuantía presupuestaria, argumento fácil de articulación demagógica, sería desaprovechar una ocasión para evaluar los cambios en el contexto internacional y su incidencia en nuestra seguridad y progreso, para recrearse en la introversión. Una actitud que representa, en sí misma, una enorme vulnerabilidad nacional. España debe reforzar su identidad y definir su lugar en el mundo para la protección de sus intereses, y para ello la relevancia estratégica es el camino. La materialización del reto que supondría alcanzar, en menos de siete años, y sostener la inversión de un montante presupuestario en Defensa de más del doble del actual, se debería traducir, por un lado en el diseño, obtención y sostenimiento de un instrumento militar posible y adecuado a las necesidades estratégicas de España, que se convirtiera en uno de los pilares de la influencia española en el mundo y soporte de la cultura estratégica de la sociedad, tal como lo viene siendo en los países aliados de referencia. A su vez, tal gasto se debe traducir en inversión con un retorno de capitalización nacional en forma de nivel tecnológico e industrial que potenciase nuestra competitividad internacional. 

En tiempos donde se predica una evolución del Orden Mundial resultante de la Post-Guerra Fría hacia otro de “política de las potencias” o, lo que es lo mismo, una nueva realidad geopolítica en la que la influencia viene definida por el empleo del poder, en todas sus formas, y donde las vulnerabilidades de un país se convierten en peligro cierto para su existencia, algo que sólo puede enfrentarse desde una sólida identidad y cohesión nacional que posibilite la colaboración con aliados y socios, de ahí la necesidad de la clara definición de las necesidades estratégicas nacionales. (Jesús.R.G.)

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Los "fallos de diseño" en buques de combate españoles que han indignado a Australia.


La industria militar española, y en especial la construcción naval, ha conseguido en los últimos años importantes contratos en todo el mundo. La empresa Navantia, tras convertirse en la primera del mundo en construir un portaaviones para una armada ajena con el HTMS Chakri Naruebet tailandés, ha vendido flotas enteras de buques de guerra a países como Noruega, Turquía o Australia incluyendo fragatas (basadas en las F-100 de la Armada española), buques logísticos y buques de desembarco anfibio con capacidad aérea basados en el BPE Juan Carlos I español. Sin embargo, unas averías en dos ejemplares de la clase Canberra australiana han levantado una fuerte polémica en ese país, cuyos medios acusan al fabricante español de tener toda la culpa. Se trata de una seria amenazan al buen nombre de las exportaciones navales españolas en la víspera de un gran concurso para nueve fragatas más.

Los dos buques de la clase Canberra fueron contratados a Navantia por el Ministerio de Defensa australiano en 2007, ganando a potentes ofertas como la francesa de un derivado de su clase Mistral. Los dos barcos costaron en total 3.000 millones de dólares, de los cuales unos 1.400 millones de euros acabaron en la industria española, que se encargó de construir los cascos en los astilleros de El Ferrol. Una vez botados, los cascos fueron trasladados a Melbourne, donde empresas australianas finalizaron la construcción. El primer barco, HMAS Canberra, entró en servicio a finales de 2014 y el segundo, HMAS Adelaida, en diciembre de 2015. Los contratos incluían otros productos como 12 lanchas de desembarco y se unieron a otras ventas como los tres destructores antiaéreos de la clase Hobart (basados en las fragatas F-100) y los dos buques logísticos basados en la clase Cantabria.

El HMAS Canberra y el HMAS Adelaida en 2016 en Fort Denison, Australia. (Foto: Wikimedia Commons)

El HMAS Canberra y el HMAS Adelaida en 2016 en Fort Denison, Australia. 

Esta misma semana se ha entregado oficialmente el HMAS Hobart a la Armada australiana tras finalizar sus pruebas de mar. Navantia ha vendido también el diseño del buque de asalto anfibio turco TCG Anadolu que se construye en los astilleros Sedef. El astillero español además está entre los tres preseleccionados para el contrato SEA 5000 en Australia por nueve fragatas antisubmarinas por valor total de más de 30.000 millones de dólares, con un diseño basado en las futuras F-110 para la Armada española. Compite con un astillero italiano y otro británico.

Sistemas de propulsión averiados
Por eso ha levantado tanto revuelo la reciente inmovilización de los dos buques de la clase Canberra a causa de averías de sus sistemas de propulsión. A mediados de mayo ambos barcos tuvieron que suspender sus ejercicios y maniobras para revisar sus plantas propulsoras ante la aparición de problemas. El HMAS Adelaide fue colocado en dique seco para revisar sus instalaciones ante la aparición de fragmentos metálicos en muestras de lubricante tomadas de sus ‘pods’ propulsores. Y en el HMAS Canberra se han producido migración de lubricantes (que tienen diferentes densidades en distintas zonas de los motores) por problemas de los sellos, aunque este barco ya ha sido reparado y ha vuelto a incorporarse a la flota.

El Buque de Proyección Estratégica (BPE) Juan Carlos I. (Foto: Navantia)
El Buque de Proyección Estratégica (BPE) Juan Carlos I

El sistema de propulsión de los Canberra, como el del Juan Carlos I español, se basa en dos ‘pods’ externos que actúan como impulsores y como timones, ya que pueden girar 360 grados. Los motores son eléctricos fabricados por Siemens, tienen 15.000 cv cada uno y mueven dos hélices de 4,5 m de diámetro por pod. Para mejorar la maniobrabilidad hay dos propulsores laterales a proa, también eléctricos, de 2.000 cv.

La electricidad es generada a bordo por una planta mixta CODAG que consta de dos grandes motores diésel Navantia MAN de casi 10.000 cv (para la potencia de crucero) y una turbina de gas General Electric LM2500 capaz de producir 25.690 cv (para potencia máxima). Los barcos incorporan asimismo un generador diésel de emergencia Progener-Mitsubishi de 2.000 cv. En conjunto, los Canberra pueden alcanzar los 20,5 nudos y son considerados muy maniobrables. La aparición de problemas en los ‘pods’, fabricados por Siemens, ha causado consternación en la armada australiana y cierta controversia en la prensa local. En unas primeras informaciones se culpó a un deficiente mantenimiento de los barcos de las averías, lo que fue tajantemente desmentido por la marina. También se ha especulado con la posibilidad de que los barcos llevasen demasiado tiempo en el mar como causa de los problemas.

Lo cierto es que los problemas que tuvo el Juan Carlos I nada tuvieron que ver con los de los buques australianos y fueron relativamente menores
Posteriormente, el contraalmirante Adam Grunsell, que se encarga de los sistemas navales en el Grupo de Adquisición y Apoyo de Capacidades del Ministerio de Defensa, declaró que "bien podría ser un fallo de diseño", y otras noticias recordaron que el BPE Juan Carlos I español tuvo también problemas. 


De momento el MAS Adelaida va a perderse unas importantes maniobras con la flota estadounidense y técnicos de Navantia y Siemens trabajan para localizar y resolver el problema. Fuentes consultadas del astillero español han asegurado a Teknautas que “Navantia está trabajando con la Marina y el Ministerio de Defensa australianos y todos estamos convencidos que se podrá resolver en breve y los barcos seguirán realizando con éxito sus misiones”. La Armada australiana, por su parte, cree que es pronto para asignar responsabilidades. Lo cierto es que los problemas que tuvo el Juan Carlos I nada tuvieron que ver con los de los buques australianos y fueron relativamente menores, nada fuera de lo habitual en un buque primero de su clase. Uno de los motores diésel tuvo que ser reemplazado a causa de un problema de fábrica y en las pruebas de mar se detectó cavitación en las hélices proeles de los ‘pods’, un defecto que provoca ruidos, erosión y pérdida de eficiencia y que se resolvió cambiándolas. 

La turbina de gas General Electric también necesitó ajustes en 2013. Desde entonces los buques tanto español como australianos han dado excelente rendimiento a sus respectivas marinas; los problemas actuales son considerados menores y sencillos de reparar. Respecto al escándalo generado no se puede olvidar el resquemor que los éxitos de la empresa española Navantia en sucesivos concursos ha causado en las empresas, la industria y la prensa australianas. Como tampoco es inocente la proximidad del mayor concurso de suministro de buques de superficie en aquel país, el SEA 5000 con sus 9 barcos por un valor superior a los 30.000 millones de euros, lo que supone negocio y carga de trabajo a lo largo de décadas. No sería extraño que grupos de presión interesados hayan intentado compensar las excelentes relaciones y el historial de cooperación con la marina australiana que coloca en buena posición a la oferta española respecto a sus competidores. Cosas peores se han visto en concursos internacionales de este tipo. (Jesús.R.G.)

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lunes, 29 de mayo de 2017

El A400M debutó en el desfile del Día de las Fuerzas Armadas.

El A400M en el desfile de las fuerzas armadas francesas en París ...


El avión de transporte militar A400M desfiló por primera vez este sábado en el acto central del Día de las Fuerzas Armadas, celebrado en Guadalajara bajo la presidencia de los Reyes de España. Junto al A400M participaron en el desfile aéreo otras 62 aeronaves, entre ellas aviones 'F-18', 'Eurofighter' y C-130 'Hércules'. También sobrevolaron la avenida aviones de Vigilancia Marítima, transporte de autoridades y de lucha contra los incendios, así como helicópteros del Servicio Aéreo de Rescate del Ejército del Aire, las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra, el Arma Aérea de la Armada y el Servicio Aéreo de la Guardia Civil. 
La parada aérea concluyó con el paso, una vez más, de la ‘Patrulla Águila’. Previo al desfile de las Fuerzas Armadas, tuvo lugar un homenaje en memoria de los militares fallecidos en acto de servicio. El Rey depositó una corona de laurel a los pies del mástil en el que se izó la Bandera ante los familiares de varios militares desparecidos.

El Día de las Fuerzas Armadas: más de 300 actos en toda España ...


En concreto, se trata de los familiares de los militares Juan Bonel Suárez, subteniente del Ejército de Tierra, y del sargento del Ejército del Aire Francisco Javier Cardona Gil, fallecidos en el accidente del Yakolev-42; del teniente de Aviación , Saúl López Quesada, y del subteniente de igual Arma, Juan Morales Parra, fallecidos respectivamente en el segundo y primer accidente de helicópteros Cougar de SAR en Canarias; así como del capitán de navío Domingo Olivo Esparza y del cabo primero de la Guardia Civil Aurelio Salgueiro López, fallecidos en actos terroristas. Al término de este acto de homenaje y tras la preceptiva descarga de fusilería, la ‘Patrulla Águila’ efectuó una pasada rasante dibujando los colores de la Bandera nacional. (Jesús.R.G.)

Fuente: http://actualidadaeroespacial.com/
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El Centro de Inteligencia militar tiene nuevo director.

El Centro de Inteligencia militar tiene nuevo director

El general de división Francisco Rosaleny Pardo de Santayana, del Ejército de Tierra, ha tomado posesión este viernes como nuevo director del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS), tras ser nombrado por la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, el pasado martes.

El nuevo jefe de los servicios de inteligencia militar ha asumido el cargo en un acto celebrado en la base de Retamares, en Pozuelo de Alarcón (Madrid), presidido por el jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), general Fernando Alejandre, de quien depende el Centro. Rosaleny, hasta ahora jefe de Estado Mayor del Mando de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa, sustituye en el cargo al teniente general Francisco José Gan Pampols, nombrado recientemente jefe del Cuartel General de Alta Disponibilidad del Ejército de Tierra en Bétera (Valencia). Cospedal firmó su nombramiento en una orden ministerial el pasado martes.



En sus palabras tras la toma de posesión del cargo, el nuevo jefe del CIFAS se ha referido a su anterior destino, el Mando de Operaciones, que ha calificado de "centro de gravedad" de las Fuerzas Armadas, puesto que materializa su razón de ser: el empleo de la Fuerza. "Consciente de esto, estaré a su disposición para lograr que pueda cumplir su misión en un entorno lo más seguro posible", ha afirmado, según informa Defensa en un comunicado.

En cuanto a su nuevo cargo, ha señalado que, al igual que ha hecho durante toda su vida militar, "y como dice nuestro ideario paracaidista, seguiré aplicando que por encima de todo está la misión". Por su parte, el JEMAD ha destacado la profesionalidad, abnegación, lealtad, compromiso y amor a la responsabilidad del general Rosaleny, cualidades que le permitirán realizar una excelente labor al frente del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. El CIFAS es el órgano responsable de facilitar al ministro de Defensa, a través del JEMAD, así como a las autoridades militares, la inteligencia militar precisa para alertar sobre situaciones de interés militar con riesgo potencial de crisis procedentes del exterior y prestar el apoyo necesario, en su ámbito, a las operaciones. (Jesús.R.G.)

Fuente: http://www.onemagazine.es/
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El general Rupert Jones expone en Besmayah el nuevo concepto de adiestramiento para Irak.

Los generales Jones y Martín-Rabadán durante su recorrido por la Base

El 2º Jefe del Mando Conjunto Combinado de Inherent Resolve  se ha desplazado hasta el complejo de Besmayah para inspeccionar las actividades de adiestramiento impartidas por el contingente multinacional BPC VI, liderado por España. En la mañana del 24 de mayo, el 2º Jefe del Mando Conjunto Combinado (CJTF) de la operación Inherent Resolve, el general de división del Ejército Británico Rupert Jones, ha llegado al complejo de adiestramiento de Besmayah, procedente de Kuwait, para comprobar de forma directa el desarrollo de las actividades de adiestramiento que desempeñan a diario los militares  españoles junto con sus homólogos de Portugal, Reino Unido y Estados Unidos. El general Jones ha sido recibido a pie de pista por el jefe del contingente español y de la Task Force Besmayah, el General Luis Martín-Rabadán Muro. 
Instrucción de tiro con fusil AK-47 de la Policía Federal iraquí

Tras mantener un breve encuentro,  le ha acompañado durante el recorrido por varias instalaciones del Complejo de Entrenamiento de Besmayah (BRC) donde esta mañana se estaban desarrollando diferentes actividades de adiestramiento de la Policía Federal iraquí, tutorizadas por la Unidad de la Guardia Civil del contingente español. Ha presenciado la realización de un ejercicio táctico protagonizado por una sección de policías iraquíes que actuaban en un escenario de combate urbano. Posteriormente, se ha dirigido  hasta la Escuela contra Artefactos Explosivos del Ejército de Irak. Se ha detenido con especial atención en el laboratorio que dirigen los militares británicos, en el que, a través de artefactos procedentes de la zona de combate,  enseñan a los militares iraquíes las técnicas, tácticas y procedimientos para actuar ante estas situaciones. Antes de su partida, valoró mucho las mejoras observadas en la Base “Gran Capitán” desde su anterior visita.
 
Nuevo concepto de adiestramiento para Irak.
En el transcurso de su visita al complejo de Besmayah, el general Rupert Jones ha hablado de lo que él ha denominado “el nuevo concepto de adiestramiento para Irak”. El objetivo de este nuevo concepto es conseguir adaptar las capacidades de adiestramiento de los ejércitos de la coalición a las necesidades reales de los iraquíes, incrementando el adiestramiento de calidad en detrimento del entrenamiento basado en la cantidad. (Jesús.R.G.)

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