lunes, 4 de marzo de 2019

Fotos inéditas de la batalla de Ludina: así fue el gran combate del Ejército español en Afganistán.

Soldados españoles en la batalla de Ludina.

El capitán Jesús Julián García del Castillo, junto al resto de sus compañeros de la 13ª Compañía de la Bandera Ortiz de Zárate III de Paracaidistas, desempeñó un papel clave en la toma de Ludina, una posición que abría una importante vía de comunicación en aquella guerra afgana, demasiado cruel para un pueblo extenuado. Ocurrió el 28 de agosto de 2012, fue una de las grandes batallas que libró el Ejército, y ahora, seis años y medio después, EL ESPAÑOL ha tenido acceso a una serie de fotografías inéditas.
Aquella misión, conocida con el nombre de Operación Estaca, pasaba por tomar unas posiciones en Ludina fundamentales en la guerra de Afganistán. Quien leyese el testimonio de la cabo Fructuoso publicado en este diario sabrá de la envergadura de este movimiento. Ahora, el Ejército de Tierra recoge la acción de otro de los protagonistas de la toma de Ludina, el capitán Jesús Julián García del Castillo. Lo hace a través del blog A Ludina sólo sube el viento, escrito por el teniente coronel Norberto Ruiz e ilustrado por el dibujante José Manuel Esteban. EL ESPAÑOL ha accedido a estas imágenes que nunca antes habían visto la luz en las que el capitán es protagonista.

Una estrategia de distracción
El contingente español inicia los movimientos a las dos de la madrugada. En total, 60 paracaidistas, una unidad de reconocimiento y un elemento de seguridad. Los primeros pasos son los más sencillos. Van a moverse en torno a la posición avanzada de combate Bernardo de Gálvez, que tan bien conocen, para simular que están llevando a cabo un relevo de las tropas. Después establecen una patrulla hacia la zona norte; habituales en esas fechas y una excusa perfecta para, en realidad, precipitarse sobre los elementos insurgentes de la zona. El capitán Jesús Julián García del Castillo es uno de los hombres llamados a cometer esa misión. La Operación Estaca -de ahí su nombre- consiste en tomar las cotas 924 y 925 para asegurar la construcción de la carretera que une Qala i Naw con Bala Murghab. En la siguiente fotografía se puede ver la aridez del terreno por el que tenían que desempeñarse:

Soldados españoles caminando en la región de Ludina, en el marco de la Operación Estaca.

El capitán debe tomar la cota 924. Cuando están a unos 40 metros de alcanzarla, escuchan voces hablando en lengua local. No hay duda, son los insurgentes. "¡Cuerpo a tierra!". El enemigo dispara contra sus posiciones. Los militares responden al fuego con fuego. García del Castillo ordena al teniente Mayoral a que desaloje a quienes tratan de acabar con ellos. Al mismo tiempo, los compañeros que se han dirigido hacia la cota 925 lanzan a su vez el ataque. Todavía es de noche, son las 4.17 cuando se logra tomar ambas posiciones con éxito. Pero aún quedan muchas horas de combate. Hay más enemigos. Lo saben porque el vehículo aéreo no tripulado Raven los ha detectado. Tienen armas y se mueven con rapidez a bordo de motocicletas. El tiempo vuela y es imprescindible fortificarse en las cotas recién tomadas. Toman las mejores posiciones posibles y se preparan para la embestida de los insurgentes.

Reciben nuevos ataques
Fusilería, ametralladoras, cohetes... el enemigo lanza toda su fuerza contra los paracaidistas españoles. El capitán García del Castillo mantiene la unidad entre los efectivos que tiene al mando. Cualquier grieta es una brecha por la que se colarán las balas. Los atacantes son rápidos, van y vienen, en un fuego intermitente pero constante. No se trata de una posición fácil de defender, como lo demuestra la siguiente imagen:

Soldados españoles en la batalla de Ludina.
Soldados españoles en la batalla de Ludina

La Operación Estaca atraviesa un momento crítico. El enemigo conoce la zona y busca hacer daño entre las filas españolas. Los militares, cuerpo a tierra, repelen momentáneamente la agresión. Otros se parapetan tras los muros de un cementerio. Aumenta la fuerza insurgente, el tiroteo es incesante. Son las 9.01 cuando reciben una noticia que les alivia: "En tres minutos, apoyo aéreo en zona". Las aeronaves aparecen a la hora convenida y, tras su paso, queda el silencio. No todo ha acabado. Han despejado la zona, los insurgentes se han retirado y las cotas 924 y 925 han sido despejadas. Pero queda el repliegue. Son las 9.30 de la mañana. Con todos los sentidos en alerta, el contingente español camina por el desierto de Ludina. Saben que toda precaución es poca y el tiempo les da la razón. De forma ligera, primero, y con más contundencia, después, el enemigo vuelve a atacar las posiciones del Ejército. El tiroteo es creciente. 

Un compañero herido
"¡Humo rojo!". La peor de las noticias. El sargento primero Montesinos señala con un bote de humo la posición en la que ha caído herido el legionario Fraile. Una bala le ha atravesado uno de los muslos y le ha rozado en el otro. Es necesaria su evacuación por vía aérea Hay que despejar la zona. Va a llegar el helicóptero, pero el enemigo sigue atacando con cohetes, ametralladoras, fusilería. El capitán García del Castillo mantiene la unidad entre los suyos. Se sobreponen a la adversidad, disparan, causan bajas entre el enemigo. Poco a poco van logrando su misión hasta que por fin se escucha el motor del helicóptero. 

El paracaidista Fraile fue evacuado en un helicóptero.
El paracaidista Fraile fue evacuado en un helicóptero

Una vez evacuado, el capitán da las órdenes definitivas de repliegue: "Iniciamos movimiento de vuelta". Todos respiran aliviados: no ha pasado ni un mes desde que un helicóptero Super Puma español se accidentase en Afganistán, dando lugar a una acción de rescate singular. Pero esa es otra historia. Horas de combate frente a la incertidumbre y un enemigo veloz y contundente. La Operación Estaca permitió despejar una ruta imprescindible en una guerra demasiado larga. Por esta intervención fueron concedidas seis cruces del mérito militar con distintivo, una de ellas para el capitán García del Castillo. También cuatro citaciones en la Orden General, 17 acreditaciones de valor y 25 hechos de armas. (Jesús.R.G.)

Fuente: https://www.elespanol.com/

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Drones contra el ISIS: esta es la tecnología que usa España en Irak y no verás en la TV.


Foto: El dron Scan Eagle usado por la Armada española en Irak. (Foto EMAD-Undécima Escuadrilla)
El dron Scan Eagle usado por la Armada española en Irak

España mantiene un importante contingente de tropas en Irak. Están allí para colaborar con el Gobierno y ejército Iraquí en su lucha contra el mal denominado y autoproclamado “Estado Islámico”. A finales de enero el grueso del contingente recibió la visita del Rey Felipe VI y las instalaciones y soldados desplazados allí se convirtieron de repente en el foco de todas las televisiones. Sin embargo, hay un desconocido grupo de especialistas que no apareció en ninguna imagen de televisión y que realiza una labor silenciosa manejando tecnología punta. Es el equipo de la Armada que opera con “drones” en tareas de inteligencia. ¿Por qué ha desplazado allí España estos dispositivos? Nuestro país mantiene un contingente de más de 500 personas en Irak, integradas en la 'Operación Inherent Resolve', contribuyendo junto a otras tropas de la Coalición Internacional a la lucha contra el DAESH o ISIS. 

Despliegue en Irak. Especialistas preparando un Dron para lanzamiento. (Foto EMAD-Undécima Esclla)

La principal misión allí es de adiestramiento de las tropas iraquíes, conjuntamente con instructores de otros países como Portugal, Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Holanda y otros. Pero hay también un pequeño contingente de 7 especialistas de la Armada apoyados por dos militares expertos en análisis de imágenes. Su misión es mucho más secreta y el nombre va acorde: "Destacamento Sombra”. Realizan labores de información e inteligencia, ISR (Intelligence, Surveillance and Reconnaissance) por sus siglas en inglés, están basados en Al Asad desde noviembre de 2017 y utilizan para ello tecnología punta que nada tiene que envidiar a la empleada por otras potenciasl mundiales. La fundamental: drones. Las capacidades que aportan los drones a las operaciones militares se han convertido en algo casi insustituible. 

Es en los llamados “conflictos de baja intensidad” o de guerra asimétrica, donde hoy en día el uso de esta tecnología está resultando vital. Allí pueden realizar misiones de todo tipo, incluso las de ataque, pero es en tareas de reconocimiento donde se muestran imbatibles frente a la aeronave tripulada. Imbatibles porque realizan esa misión prácticamente igual que la aeronave tripulada, pero durante muchas más horas de vuelo, con riesgo cero de pérdida de vidas, con absoluta discreción y a una mínima fracción de coste. En una misión de reconocimiento, por ejemplo, si se empleara un helicóptero estaríamos hablando de un coste elevado ya que sería un aparato dotado de elementos optrónicos, cámaras infrarrojas, etc., con cuatro tripulantes como mínimo y durante cuatro o cinco horas de vuelo. 

Con un dron de tipo medio, como el que utiliza la Armada en Irak, el coste frente al helicóptero sería muy bajo, sin riesgo para tripulantes y con una capacidad de vigilancia que podría llegar a las 20 horas. La decisión está clara. Pero hay otro factor fundamental: la discreción. Una aeronave tripulada no pasa desapercibida, se le oye, se le ve venir e incluso se le puede atacar si se acerca lo suficiente sin disponer de medios sofisticados. Cuando se necesita discreción absoluta y no se dispone de drones, la única alternativa son aviones especializados o dotados de contenedores específicos, con cámaras especiales que permitan al avión volar a gran altura o recurrir a los satélites. Y el coste se dispara. Con el dron nada de esto es necesario y se puede mantener un área bajo vigilancia durante horas sin que nadie sepa que se está haciendo la vigilancia.

Así funcionan los drones de la Armada
Los drones que emplea la Armada en Irak son del tipo medio y están encuadrados en la Undécima Escuadrilla, una unidad dentro de la Flotilla de Aeronaves encargada en exclusiva de su operación. Se trata del modelo “ScanEagle”, fabricado por una empresa filial de Boeing y que también emplean otros muchos ejércitos, entre ellos el Cuerpo de Marines estadounidense. Es un aparato de tamaño medio, con unos 3 metros de envergadura y 1,70 de longitud. Pesa unos 20 kg (depende del tipo de cámaras que se instalen), alcanza una velocidad de crucero de 110 km/h y una altura superior a los 5.000 metros, su autonomía supera las 20 horas, pudiendo llegar a 24 horas de vuelo ininterrumpido en caso necesario. 

Equipo desplegado en Irak. (Foto EMAD-Undécima Esclla)

Su coste, teniendo en cuenta que un sistema completo, consta de dos aviones, estación de control, equipo de lanzamiento y equipo de recuperación, se sitúa entre los 2 y 2,5 millones de euros. Muy barato si lo comparamos con el coste de cualquier aeronave tripulada. En realidad este tipo de dispositivos son muy sencillos, aunque con partes muy complejas. No dejan de ser un avión en miniatura controlado en remoto al que se acoplan una serie de cámaras y equipos de vigilancia, la parte compleja. El avión tampoco es algo muy sofisticado pero sí lo es su software de control, ya que la mayoría de sus funciones de vuelo están automatizadas. Esto quiere decir que el dron no se pilota con la visión de una cámara frontal, como en un videojuego, para entendernos, sino que se prepara una ruta y se van introduciendo puntos de paso (“waypoints”). 

Una vez en la zona de vigilancia, el dron realizará un vuelo, ya parametrizado, siguiendo un patrón establecido y el operador, desde la unidad de control en tierra y por supuesto en tiempo real, controlará los equipos de visión, dirigiendo las cámaras hacia los puntos de interés. Este software de control incluye muchas funcionalidades de vuelo automático que resultan muy prácticas y permiten que los operadores se centren en la vigilancia, que es el objetivo de la misión. Por ejemplo el sistema garantiza un vuelo estable y el avión se autonivela si sufre, por ejemplo, una turbulencia. Dentro del sistema de vuelo se incluye un módulo GPS (de precisión militar) que envía permanentemente su posición a la estación de control en tierra y determina la distancia a la misma. El avión, de manera automática, podría regresar a su base gracias a esta funcionalidad de GPS incluso si dicha base se moviera de su sitio, como es el caso de los barcos pues, recordemos, este dron es de utilización naval.

Desde una altura de 1 km y a 3,2 km de distancia, el sistema es capaz de reconocer las facciones de una persona e identificarla

Si bien la parte “avión” es común, la clave del sistema es el equipo de cámaras que se instalen. Éstas se disponen en un módulo intercambiable en la parte delantera y se utiliza un módulo u otro según el tipo de misión y, sobre todo, de las condiciones del vuelo, si es diurno o nocturno. La Armada utiliza, de momento, dos tipos de módulos de reconocimiento: uno diurno a base de cámaras electrópticas y otro nocturno con sensores infrarrojos. 

Pero se pueden adquirir otros e instalarse sin ningún tipo de modificación. Las capacidades de los módulos de reconocimiento son sorprendentes. Desde una altura de 3.000 pies (cerca de 1.000 metros) y a 2 millas de distancia (3.200 metros) el sistema es capaz de reconocer las facciones de una persona e identificarla, por supuesto sin que nadie sepa que está siendo observado. Además todo lo que el dron “ve” es grabado y ello permite que las imágenes sean analizadas con posterioridad.

¿Por qué son tan útiles en el desierto?
La respuesta está en la sencillez del sistema, pensado para operar en barcos con cubiertas de vuelo pequeñas. Los drones de grandes dimensiones y que incluso pueden llevar armamento, necesitan a su vez de grandes instalaciones y de una pista para despegar y aterrizar, casi como aviones tripulados. Esto supone que su punto de operación puede ser conocido y, además, no es sencillo cambiar de ubicación pues se deben reunir unas condiciones mínimas.

El ScanEagle, por el contrario (al igual que otros sistemas similares, no es el único) por sus dimensiones y su diseño naval, no necesita pista alguna. Tan solo precisa de un equipo de lanzamiento y otro de recuperación. El primero es una especie de catapulta que lanza el avión y le coloca en vuelo. El segundo es un brazo articulado desplegable con un cable en vertical. El lanzamiento es muy sencillo, no así la recuperación, aunque el sistema de vuelo autónomo lo hace parecer así. Para la recuperación el equipo recuperador dispone de otro dispositivo GPS que establece el punto exacto donde se encuentra el cable. El sistema de vuelo lo localiza y se activa un patrón de vuelo preestablecido por el cual el dron realiza un circuito circular de aproximación en cuya última fase roza con una de sus alas el cable y mediante un gancho en su extremo queda frenado y capturado.

Centro de control en tierra con los operadores trabajando. (Foto: Juanjo Fernández)
Centro de control en tierra con los operadores trabajando

Ambos equipos, lanzador y recuperador, son plegables y se pueden trasladar con suma facilidad remolcados por cualquier vehículo. Igualmente los aviones van desmontados en su propio contenedor y se pueden poner en vuelo en un corto espacio de tiempo. Todo esto permite que estos drones puedan operar desde cualquier emplazamiento, trasladarse si fuera necesario y volver a estar operativos en un plazo muy breve. La realidad es que este sistema funciona muy bien y, aunque las misiones de inteligencia y los datos obtenidos son material altamente clasificado (secreto), lo cierto es que hemos podido saber que los mandos de la Coalición están muy satisfechos con el resultado de estos sistemas y continuamente están requiriendo su participación. El reto del personal, aparte de la lejanía de casa y los riesgos inherentes a una misión en una zona para nada tranquila, es luchar contra los elementos. Es el ambiente hostil del desierto, las tormentas de arena y el polvo, el principal enemigo de estos aviones sin piloto. (Jesús.R.G.)

Fuente: https://www.elconfidencial.com/

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