miércoles, 19 de junio de 2019

Abengoa supera la experiencia del S-80 y se alía con una firma belga de armamento.



Una de las torretas modulares de John Cockerill Defense. /L.I.
Una de las torretas modulares de John Cockerill Defense

Abengoa vuelve a la carga en el campo de la Defensa, tras la firma de un Memorándum de Entendimiento (MoU por sus siglas en inglés) con la compañía belga de armamento John Cockerill Defense, que prevé el establecimiento de una 'joint venture' para el suministro de productos y servicios a las fuerzas armadas españolas y mercados internacionales.

Los responsables de la empresa parecen querer superar las dificultades que tuvieron que afrontar por su participación en el proyecto del submarino S-80, que construye la empresa Navantia en Cartagena. En un primer momento del programa estaba prevista la entrega a la Armada de cuatro submarinos en 2015, 2016, 2018 y 2019. Todos esos cálculos se fueron al traste por graves problemas de diseño, relacionados con el balance de pesos de la nave, lo que obligó a un proceso de reingeniería. El sumergible no flotaba, básicamente.

Por otra parte, uno de los aspectos más ambiciosos del proyecto, el desarrollo del Sistema de Propulsión Anaerobia (AIP), que permitirá su permanencia en inmersión durante periodos de tiempo prolongados, no lograba avances. Ese desarrollo se había adjudicado en 2007 a Heinergreen, filial de Abengoa, que se comprometió a tener a tiempo un procesador de bioetanol capaz de producir hidrógeno en la cantidad y pureza necesaria para alimentar la pila de combustible del S-80. El problema es que el prototipo presentado por la firma ahora llamada Abengoa Hidrógeno se quemó durante unas pruebas. Al final se confío la tarea a la empresa Técnicas Reunidas. Aún así, será finalmente la Armada la que decida entre ambos candidatos.
El 'pastel' del VCR 8x8
Pues bien, pese a los malos precedentes desde Abengoa se confía en abrir nuevas líneas de negocio. Desde la empresa señalan a La Información que pretenden estar presentes y participar en los nuevos proyectos que afronta el Ministerio de Defensa, aportando y poniendo a su disposición sus capacidades en diseño, fabricación y pruebas de sistemas electrónicos, de distribución y almacenamiento de energía, y control térmico. Una de las oportunidades a la vista es entrar en el nuevo programa VCR 8x8, fundamental para toda la industria española.  

"Si bien no hemos participado en la fase de desarrollo, estamos trabajando para poder participar en la etapa de producción, en cualquier modificación que se haga de los diseños o en la fabricación recurrente y pruebas", apuntan desde Abengoa. La joint venture tendrá su sede corporativa en Madrid, donde estará su plantilla, y los responsables de Abengoa tienen la intención de que se encuentre operativa antes de finalizar el verano, para aprovechar las oportunidades que existen a corto plazo. Habrá que ver la cartera de productos que ofrecerá la Joint Venture, ya que la empresa belga es conocida por sus sistemas de torreta modular. John Cockerill Defense cuenta con 6.000 empleados, y en el pasado ejercicio logró una facturación de 1.300 millones de euros gracias a contratos en 23 países diferentes. 

Abengoa defiende su 'know how' en el sector aeroespacial, área en la que encuadra todas las actividades de desarrollo de productos para la defensa. La división de Aeroespacio, con sede en Madrid, está especializada en el diseño, fabricación y prueba de sistemas electrónicos de monitorización y control, además de sistemas de distribución de potencia para los sectores aeroespacial, defensa y científico. Entre sus trabajos más puramente armamentísticos destaca la Unidad de Distribución de Potencia (PDB) para vehículos militares, en colaboración con General Dynamics. También su participación en el Ariane 6 de la mano de Airbus Defence and Security. En cuanto a sus balances, Abengoa registró unas pérdidas de 144 millones de euros en el primer trimestre del año, frente al beneficio de 33 millones de euros en el mismo periodo del ejercicio anterior. 

El grupo de ingeniería y energías renovables señaló que esta caída se debió, principalmente, a los costes financieros y la variación del tipo de cambio dólar/euro y que, en comparación con el primer trimestre del ejercicio pasado, la reducción en el resultado estuvo motivada por el hecho de que en 2018 se contaba con el resultado positivo de la venta de Atlantica Yield. Las ventas de la compañía, que el pasado mes de abril cerró su reestructuración financiera, obteniendo nueva liquidez, nuevas líneas de avales y adaptando una estructura de capital sostenible con el negocio de ingeniería y construcción, alcanzaron los 330 millones de euros hasta marzo, lo que supone un incremento del 10% con respecto al primer trimestre del año pasado. (Jesús.R.G.)

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La alianza franco-italiana que representa un desafío para Navantia.

La alianza franco-italiana que representa un desafío para Navantia



La denominada Europa de la Defensa puede tener efectos positivos sobre la industria “europea” que, a veces, pueden poner en riesgo el interés nacional (en este caso el español). Algo en este sentido se ha producido con el acuerdo, a través de una joint venture, que los dos principales astilleros de Francia e Italia alcanzaron ayer para ser más competitivos respecto a sus mercados nacionales y, he aquí la clave, “obtener más contratos de exportación”. 

El acuerdo entre el astillero francés Naval Group y el italiano Fincatieri contempla compartir al 50 por ciento la nueva empresa mixta que se constituiría en los próximos meses, “en todo caso antes de fin de año”. La firma del acuerdo -“proyecto Poseidón” se llama- fue realizada por los CEO de las dos compañías, Giuseppe Bono y Hervé Guillou, a bordo de la fragata “Federico Martinengo”, atracada en la Base Naval de la Armada Italiana en La Spezia. Este buque es parte del programa FREMM, proyecto italofrancés ya lanzado. “La creación de la empresa mixta estará sujeta a las condiciones habituales para este tipo de transacciones y para obtener las autorizaciones necesarias de las autoridades pertinentes”, declaran en un comunicado. El acuerdo contempla que la compañía resultante de la joint venture tendrá su sede en Génova con una filial en Ollioules (Francia). El gobierno de la joint venture, según lo regulado en un acuerdo de accionistas, contempla un Consejo de Administración de seis miembros, tres nombrados por cada compañía. 

Para el primer período de tres años, Fincantieri designará al presidente y al director de operaciones, mientras que el Naval Group designará al director ejecutivo y al director de finanzas. Destacando el valor estratégico atribuido por Fincantieri y Naval Group a esta operación, los miembros de la Junta incluirán a Giuseppe Bono, nombrado presidente de la joint venture, y Hervé Guillou. “La Alianza representa una gran oportunidad para que ambos grupos y sus ecosistemas mejoren su capacidad para servir mejor a las armadas francesa e italiana, para capturar nuevos contratos de exportación, desarrollar nuevas tecnologías y, en última instancia, mejorar la competitividad de los sectores navales de ambos países”, aseguran. Está claro que el acuerdo amenaza seriamente las expectativas futuras de un astillero como Navantia en el ámbito militar. A la poderosa diplomacia de defensa de Francia -en todos sus ámbitos, también aéreo y terrestre- hay que sumar el “know how” italiano y su capacidad de venta. 

¿Y ahora? ¿Cabe la posibilidad de uba alianza del astillero español Navantia con otro extranjero, como el alemán ThyssenKrupp, por ejemplo? Es paradójico que una de las grandes alianzas que tiene en estos momentos Navantia sea precisamente con un astillero de Estados Unidos (Bath Iron Works, de General Dynamics), con el que opta en un proyecto común para hacerse con el contrato de las 20 futuras fragatas FFG(x) de la US Navy. ¿Puede haber una alianza hispano-estadounidense en construcción naval en los tiempos que corren (de la Europa de la Defensa) Fuera como fuese el movimiento franco-italiano supone un desafío al resto de constructores europeos, que fundamentalmente deben depender cada vez menos de sus mercados interiores y competir en el mercado internacional. En el futuro se toparán con Poseidón, lo que Naval Group y Fincatieri quisieron llamar “el Airbus de los astilleros europeos”. (Jesús.R.G.)
Fuente: https://abcblogs.abc.es/

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