martes, 3 de diciembre de 2019

Cumbre de Londres (I): Sánchez, Podemos y los 1.100 militares españoles en misiones OTAN.

Cumbre de Londres (I): Sánchez, Podemos y los 1.100 militares españoles en misiones OTAN

La OTAN dará comienzo este martes (19h. peninsular española) a la Cumbre de Londres con una cena-recepción, organizada por la Reina Isabel II en el 70 aniversario de la Alianza Atlántica, que se prevé tensa: Macron y su muerte cerebral de la OTAN; Erdogan con la compra y reciente prueba del sistema de defensa antimisiles ruso S-400; Reino Unido en plena campaña electoral y con el Brexit aún sin resolver; Trump que amenaza con señalar a aquellos países que no cumplen con el compromiso del 2% del PIB en Defensa (España entre ellos con el 0,92%)… y España, con un presidente en funciones que busca aliados para formar Gobierno estable. 
 
A buen seguro, Pedro Sánchez será interpelado durante la cena con los jefes de Gobierno o de Estado en el Palacio de Buckingham y mañana en la reunión del Hotel Grove (Watford, afueras de Londres) sobre las posibilidades de que fructifique el Gobierno de coalición con Podemos, formación donde se halla el Partido Comunista y, no olvidemos, cuyo líder, Pablo Iglesias, se ha manifestado en contra de la Alianza Atlántica. Una pregunta se hacían esta semana en Madrid algunos representantes diplomáticos de países miembros de la Alianza Atlántica: ¿puede afectar a la OTAN la presencia en el Gobierno español de un partido de extrema izquierda? Hay que recordar que en sus inicios políticos, en 2015, Pablo Iglesias se vanagloriaba de querer sacar a España de la OTAN: 


«Yo soy patriota y no me gusta que haya militares de otros países en territorio nacional. No me gusta que la OTAN esté en nuestro país, creo que nos pone en riesgo» o «la OTAN es el pasado, queremos un sistema que la deje atrás». Desde la Alianza prefieren esperar antes de emitir valoración alguna. Eso sí, recuedan «que los países miembros se han comprometido a incrementar su gasto en defensa y España es un aliado fiable». Precisamente el mejor aval con el que Pedro Sánchez se presentará a la Cumbre de Londres es el despliegue de unos 1.100 soldados a lo largo del año (de modo regular o rotatorio) en misiones de la OTAN, significativo cualitativamente durante estos últimos años y con seis principales: 

– Letonia (Presencia Avanzada Reforzada): desde junio de 2017 el Ejército de Tierra despliega 6 carros de combate Leopardo, 14 vehículos de combate de infantería Pizarro y otros 60 vehículos. Actualmente el contingente español está formado por 350 soldados. Iniciado el despliegue, el primero de carros de combate en el exterior, durante el Gobierno de Rajoy. 

 – Turquía («Active Fence»): con una batería de misiles Patriot desplegada en la base de Incirlik, cerca de la ciudad turca de Adana. Proporciona defensa antimisiles y emplea a 149 efectivos españoles. Iniciado durante el Gobierno de Rajoy. 

– Afganistán («Resolute Support): heredera de las históricas misiones de la OTAN de 2002, España despliega ahora 60 efectivos en Kabul especializados en asesorar en «operaciones especiales». Ha pasado por diferentes fases desde su inicio con Aznar. 

– Agrupaciones navales en el Mediterráneo (SNMG-2 y SNMCMG-2): actualmente la Armada Española despliega dos buques (el logístico Patiño y el cazaminas Sella). En total, 434 marinos. 

– Irak («Nato Mission Irak»): con 45 efectivos para asesorar a las autoridades iraquíes en la formación de sus fuerzas de seguridad y fuerzas armadas. No confundir esta misión con la otra, paralela, de tropas españolas en la coalición internacional que lidera EE.UU. Iniciado con el Gobierno de Rajoy en 2014 tras la amenaza de Daesh. 

- Policía Aérea del Báltico: tras un primer despliegue en 2006 y ya desde 2015 de forma regular, España participa durante cuatro meses en esta misión de la Alianza Atlántica para dar apoyo a Estonia, Letonia y Lituania en la vigilancia de su espacio aéreo, objeto de escarceos y creciente entrada de aviones rusos. Unos 130 militares del Ejército del Aire. Es por tanto, una misión que se retomó también durante el Gobierno de Rajoy. 

Según nos confirman fuentes militares, está previsto en 2020 el Ejército del Aire también despliegue aviones de combate en los países bálticos (está por decidir si F-18 o Eurofighter) para proteger el espacio aéreo de incursiones de aviones rusos. El despliegue de mayo a agosto será en Lituania (Siauliai). Por tanto, observamos una arquitectura de despliegue militar español con bandera de la OTAN sólido tanto cuantitativa como cualitativamente (carros, aviones de combate, misiles, adiestradores…). 

¿Se mantendría esta filosofía con un Gobierno de PSOE y Podemos? Veremos una vez Sánchez consiga la investidura. Pero hay que subrayar que precisamente esas misiones, junto a la base de Rota que alberga a cuatro destructores de EE.UU., han sido argumentos esgrimidos para contrarrestar la crítica a la que siempre se expone España cuando el resto de países aliados examinan su gasto en defensa en relación al PIB (0,92%, en el último informe). Más allá de las vicisitudes políticas, estas misiones se renueven cada año en el Consejo de Ministros último del año. Desde el Estado Mayor de la Defensa nos informan que, al menos, durante los primeros seis meses de 2020 se continuará con el mismo despliegue y no hay cambio alguno notificado. Algo lógico dada la situación en La Moncloa. 


 Como subraya a ABC el jefe de Estado Mayor de la Defensa, el general Fernando Alejandre: «Las operaciones en las que participa España, tanto de defensa del territorio aliado como de la lucha contra el terrorismo, ponen de manifiesto que somos un aliado fiable y comprometido con la OTAN». Preguntado sobre el devenir de esta Alianza militar que cumple este año su 70º aniversario, el Jemad no duda en afirmar que «la OTAN sigue siendo la organización indispensable y más importante para la seguridad y defensa de Europa». Ahora resta por conocer el parecer del presidente en funciones, Pedro Sánchez, quien al menos tras la Cumbre de mañana debería permitir a los periodistas que le preguntásemos por estas cuestiones de Defensa.

Fuente: https://abcblogs.abc.es/

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Submarinistas españoles, cero intimidad y el sigilo como bandera.


Submarinistas españoles, cero intimidad y el sigilo como bandera

A submarinos se llega por vocación: menos de 100 metros cuadrados habitables para 68 personas, camarotes de siete literas con una diminuta taquilla y una ducha y dos retretes para toda la tripulació. “Somos como murciélagos, no vemos pero oímos muy bien”. Así describe a los submarinos de la Armada Española el teniente de navío Carlos Noval.  

Las misiones de los sumergibles españoles pasan desde asegurar las costas hasta obtención de inteligencia, pero siempre de forma encubierta, con el sigilo como bandera. El periscopio se saca pocas veces, y cuando se hace, la maniobra dura unos pocos segundos. Nuestros submarinos son los fantasmas del mar. Nadie sabe que están ahí pero velan por nuestra seguridad a 300 metros de profundidad y equipados con potentes tubos lanzatorpedos.

Nuestros soldados en submarinos: cero intimidad y una ducha para 60 personas a más de 200 metros de profundidad
Actualmente, en el Mediterráneo, donde se desarrollan la mayoría de nuestras misiones submarinas, hay otros siete países que tienen sumergibles: Francia, que tiene 10; Italia, que posee ocho; Argelia, con seis; Grecia, con 11; Israel, que tiene cinco; Egipto, con ocho y Turquía, que posee 12, lo que la convierte en la segunda flota de submarinos más grande de la OTAN, después de Estados Unidos. Nuestro vecino Marruecos no tiene submarinos, de momento, pero busca a quién comprarlos. Hablamos con el teniente de navío Carlos Noval, con el sargento Daniel López y con el cabo Jorge Wilfredo en una pequeña habitación del submarino Mistral, que acaba de regresar de una misión en el Mediterráneo. Aquí los espacios son reducidos. 

Menos de 100 metros cuadrados habitables para 68 personas: camarotes de siete literas con una diminuta taquilla y una ducha y dos retretes para toda la tripulación. No hay intimidad. Submarinos es un destino voluntario para el que “no todo el mundo vale”, me dicen en reiteradas ocasiones. Lo entiendo. Vivir hasta 45 días -el tiempo máximo que un submarino español puede pasar navegando- sin apenas conexión con el exterior -no hay wifi-, con un calor infernal y una ducha de tres minutos cada tres días, no es fácil. “Una vocación de servicio”, como ellos mismo dicen. De servicio a España y a todos sus ciudadanos.

El día a día en el submarino Mistral
Una vez dentro del submarino no hay casi diferencias de clases. Los empleos siguen siendo los mismos: oficiales, suboficiales y marineros, pero todos ellos viven en las mismas condiciones. Tan solo el comandante tiene una minúscula habitación para él solo. Los demás afortunados tienen a seis compañeros de habitación. Digo afortunados, porque en el caso de que el submarino vaya al completo de su capacidad no hay camarotes para todos y los colchones se instalan en hileras en la sala de torpedos.

Camarote y ducha del submarino Mistral. | Foto: Rodrigo Isasi


Es difícil explicar como huele un submarino -espacio cerrado, humanidad, gasóleo- pero una cosa está clara: el olor que apenas percibes dentro te lo llevas a casa impregnado en la ropa. Ya me lo habían avisado. La jornada a bordo del Mistral se desempeña, básicamente, en los 40 metros cuadrados que componen el pasillo de medio metro de ancho del submarino. 

El buque cuenta, además, con dos espacios más amplios: los puestos de control del submarino -donde una estampita de la Virgen del Carmen vela por nuestros militares– y la zona de los salones comedor para oficiales, suboficiales, cabos y marineros. La jornada laboral durante los despliegues se divide por guardias de mar (normalmente tres guardias de unas ocho horas al día cada una). No obstante, la realidad es que los militares a bordo de los sumergibles españoles están en estado de alerta las 24 horas del día durante el tiempo que dure el despliegue, por lo que hace falta un buen estado de forma física y una actitud muy positiva.

Mistral, Galerna y Tramontana: los submarinos españoles con nombre de viento
España tiene tres submarinos: Mistral, Galerna y Tramontana. Antes teníamos cuatro, pero el Siroco fue dado de baja en 2012. Todos ellos, con nombres de distintos tipos de de vientos, han sido botados en los años 80, cuentan a sus espaldas con más de 30 años de servicio, que no son pocos, y están inspirados en el diseño francés: Clase Agosta.

 El submarino Mistral en Cartagena. | Foto: Rodrigo Isasi
Con capacidad para 68 personas, estos submarinos pueden alcanzar una profundidad máxima de 300 metros. Por debajo de 450 metros, el casco resistente (el tubo interior de acero que protege a la tripulación y a todos los equipos) no soporta la presión exterior y colapsa. Implosiona y se deforma.

Hay dos pequeñas esclusas de evacuación por las que los militares podría salir del submarino en caso de necesidad. Sirven también para infiltrar (desplegar) o exfiltrar (recoger) de forma encubierta a equipos de la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE), el cuerpo de Operaciones Especiales de la Armada. Cuentan que los operadores de la FGNE también han salido del submarino, en alguna ocasión, por los tubos lanzatorpedos. En el Mistral dicen haber oído hablar de ello, pero nunca lo han visto.

Operadores de la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE) en la cubierta del submarino Mistral. | Foto: Rodrigo Isasi
Los submarinos españoles todavía sirven,  pero ya piensan en jubilarse con la llegada de los S-80, los cuatro submarinos diseñados y fabricados en España por Navantia que van a mejorar enormemente nuestras capacidades militares submarinas pero que a España le están saliendo caros. Un programa de casi 4.000 millones de euros -cada submarino tendrá un coste unitario de 976 millones-.

¿Cómo combatir la monotonía a bordo de un submarino?
“Organizamos carreras de coches”, me cuentan. “Cada uno diseña su propio coche y luego los probamos”. También organizan un bingo los domingos o se reúnen en la sala de la cantina -por grupos, todos juntos no caben-. Otros militares optan por hacer ejercicio -sí, a pesar del espacio se puede- con pequeñas mancuernas o haciendo dominadas. Leer o ver películas en el ordenador son otros de los pasatiempos diarios. Sin duda, el momento del día más esperado es el de la comida. En una cocina minúscula dos cocineros preparan la comida para toda la tripulación. Todo un reto del que salen bien parados, y es que según me cuentan, en submarinos se come muy bien y sano -los fritos aquí están prohibidos por la falta de ventilación-.

Cocina del submarino Mistral. | Foto: Rodrigo Isasi
Los restos de la comida y de basura orgánica se arrojan al mar por una esclusa preparada para ello. Todas las bolsas se agujerean primero, para evitar que se queden flotando y revelen la presencia del submarino. Los buques de guerra están exentos de cumplir el convenio MARPOL, que previene la contaminación marina.

Una gran familia bajo el agua
Si hay algo de lo que pueden presumir los submarinistas de la Armada es de su camaradería. No les queda otra, son muchas horas juntos en un espacio reducido. A bordo los momentos difíciles se llevan como se puede, con el poyo de los compañeros.  Con la familia apenas hay contacto mientras se navega. “El momento más difícil para mí ha sido enterarme de la muerte de un familiar cuando estaba a bordo del Tramontana”, nos cuenta el cabo Jorge Wilfredo. Para el teniente de navío Carlos Noval fue precisamente lo contrario. El no supo del nacimiento de su hija hasta unos días después.

Escotilla de entrada y salida del submarino Mistral. | Foto: Rodrigo Isasi 
Pero a pesar de las dificultades, de los retos y de las duras condiciones de vida, todos ellos reconocen que siempre han querido ser militares. “Yo siempre quise ser militar, marino, pero nunca quise ser submarinista”, dice el teniente de navio Carlos Noval mientras sus compañeros ríen, “pero cuando no enseñaron las capacidades de los submarinos y lo que hacen supe que esto era lo mío”.

Ascendemos por las escalerillas y abandonamos el Mistral. La suave brisa de Cartagena nos recuerda esa sensación de libertad que apenas se vive dentro de este cetáceo de 1.700 toneladas de acero. Servir en un submarino de la Armada y no ver la luz del sol durante 40 días no es fácil. A submarinos se llega por vocación, desde luego. Una vocación de servicio a España tremenda para regresar a casa “con la satisfacción del deber cumplido”, como dicen en al Armada. Ahora se entiende mejor el lema de la Escuela de Submarinos: “Preparados para todo”.

Fuente: https://www.elsnorkel.com/

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