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viernes, 4 de agosto de 2017

Cazas españoles en el Báltico, testigos de una guerra fria electrónica entre Rusia y la Otan.


Según este análisis, la fuerza aérea rusa está midiendo sus fuerzas con la aviación de la OTAN que opera en el Báltico. Y lo hace constantemente. Es la valoración que realizan fuentes extraoficiales del Ejército del Aire a El Confidencial Digital de los últimos hechos ocurridos en la zona.

El pasado martes, dos cazas F-18 del Ejército del Aire español fueron enviados desde la base aérea de Amani (Estonia) a la frontera del país. Los centros de control de tráfico aéreo habían detectado tres aeronaves militares rusas bordeando la línea que separa el cielo estonio del cielo considerado ‘internacional’.

Despiste de los F-18 españoles
En sus maniobras de interceptación, los cazas visualizaron a dos Mig-31 y un avión de transporte AN-26. El seguimiento a las aeronaves se alargó durante varios minutos hasta que el Centro Finlandés de Operaciones Aéreas advirtió a las unidades españoles que habían cruzado la frontera del país. 
Finlandia no es país OTAN, por lo que cualquier entrada en su espacio aéreo debe ser autorizada previo aviso. Los F-18 españoles se comunicaron con la base, que ordenó su vuelta inmediata. Los cazas rusos fueron escoltados durante su periplo por la frontera finlandesa por otros dos F-18 del país nórdico.

‘Juegos de Guerra’ cada vez más habituales
La OTAN ya ha pedido disculpas a Finlandia y el incidente no ha tenido mayor repercusión. Sin embargo, fuentes del Ejército del Aire advierten a El Confidencial Digital que este tipo de misiones es “cada vez más habitual en la zona”. Según aseguran estas voces, la aviación rusa está protagonizando “juegos de guerra” con la OTAN. Hacen referencia al término ‘war games’, un simulacro de operación militar en el que se recrea, de la forma más fiel posible, las condiciones de un combate real. Es decir, una guerra sin guerra, explican.

“La OTAN sabe que las aeronaves rusas van equipadas con sistemas y equipos de guerra electrónica y obtención de señales. Se cree que el AN-26 interceptado por los españoles, por ejemplo, llevaba algún tipo de configuración SIGINT (inteligencia de señales)” aseguran a ECD estas fuentes. “Los (militares españoles) que se han ido a Amari está viviendo en primera persona una especie de ‘Guerra Fría’ electrónica entre Rusia y la OTAN” afirman fuentes del Aire muy próximas a la misión de Policía Aérea en la que participan cinco F-18 españoles. Sorprenden especialmente algunos detalles. Como por ejemplo que los cazas rusos, en estos encuentros, vuelen con el transpondedor apagado. O sea, sin el sistema electrónico de identificación que permite saber qué aeronave es y si se trata de un amigo o un enemigo.

32 aviones rusos en seis días

Este tipo de incidentes vienen siendo habituales en el Báltico. El pasado mes de junio, en el transcurso de seis días –entre el 12 y el 18-, fueron identificadas un total de 32 aeronaves rusas volando muy cerca de la frontera de los países bálticos. Entre ellos había bombarderos de largo alcance Tupolev Tu-160, un Ilyushin Il-22 con capacidad de inhibición de radares, un Beriev A-50 de reconocimiento y multitud de cazas Shukoi de varios modelos.

Por parte de Rusia también se han producido diversas interceptaciones de aeronaves de la OTAN. La más llamativa ocurrió el pasado mes de junio, durante unas maniobras de Estados Unidos en el Báltico. Un caza Su-27 Flanker ‘escoltó’ a un bombardero nuclear B-52. El suceso lo dio a conocer el propio Departamento de Defensa de los Estados Unidos, que advirtió con cierto humor que el caza ruso se había ‘colado’ en su foto:

Cazas rusos sobre España
Lo cierto es que a los cazas españoles no les hace falta ir hasta el Báltico para seguir de cerca el tránsito de los aviones militares rusos. En noviembre de 2016, un moderno caza ruso Su-35S de paso por el norte del Península Ibérica provocó una alerta ‘scramble’ en la base de Zaragoza, de la que despegaron dos F-18 en misión de interceptación. En aquel momento se sospechó que el Shukoi iba ‘pinchando radares’, es decir, comprobando el alcance de estos y los tiempos de reacción de los cazas de los países OTAN cuya frontera iba bordeando.

Apenas un mes antes, dos bombarederos Tu-160 fueron detectados por media Europa a su paso por el Atlántico bordeando las costas del continente. Llegaron casi hasta Bilbao y también provocaron el ‘scramble’ de dos F-18 españoles, también del Ala 15 de Zaragoza. Curiosamente, la misma unidad que ahora ‘lidia’ con los cazas rusos en el Báltico. Tras este vuelo de los ‘Cisnes Blancos’, como se les llama a los Tupolev 160, en el Aire también se barajó que Rusia podría estar poniendo a prueba de algún tipo de sistema de guerra electrónica nuevo, más o menos desconocido. Sin embargo, no ha habido confirmación oficial de ello. (Jesús.R.G.)


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