martes, 11 de abril de 2017

La batalla de todas las batallas del Ejército español: dos militares cuentan cómo sobrevivieron a Najaf.


Uno de los tiradores españoles en el asalto de Najaf.

Uno de los tiradores españoles en el asalto de Najaf

Muchos la llaman "la batalla de todas las batallas". También "la del 04/04/04". La fecha, difícil de olvidar, transporta a un puñado de 50 soldados españoles a un escenario: Najaf, en pleno corazón de Irak. Y más concretamente a la base Al Ándalus, bajo el mando de la brigada española Plus Ultra II. Con ellos, un batallón salvadoreño, otro estadounidense y varios mercenarios de la empresa de defensa privada Blackwater. Más allá de los muros, el abismo: más de 2.000 insurgentes buscaban su cabeza. EL ESPAÑOL habla con dos de sus protagonistas: "Es la misión más complicada a la que me he enfrentado nunca", cuenta el bigada Romero; "Hubo muchas opciones de no salir de allí", añade el capitán Guisado. Nos trasladamos a las vísperas del asedio. Existía cierta fricción entre las tropas americanas y las españolas. Las primeras pedían que se unieran a ellos en las misiones de ataque; las segundas se ceñían a su misión: "Estamos para defender". 

Y en esas, los soldados estadounidenses libraron una ofensiva contra el líder chií de la región, Muqtada el Sadr. Lo hicieron con uniformes y banderas españolas. Quizá en respuesta a esa fricción. Capturaron al lugarteniente del caudillo insurgente, Mustafá Al-Yaqubi, y se lo llevaron a Bagdad, pero dejaron caer que el lugar del cautiverio sería la base Al Ándalus. La mujer de Al-Yaqubi, a la mañana siguiente, se presentó a las puertas de la base en la que se encontraban los españoles. Comida y ropa en sus manos. Tras de sí, un puñado de seguidores: "O lo liberáis o venimos a liberarlo". "No está aquí", fue la respuesta. Y, por si acaso, una demostración de fuerza, con el despliegue de algunos vehículos militares a las puertas del acuartelamiento. Un gesto que quería decir: "Somos fuertes, no debéis atacarnos". Pero los insurgentes cumplieron su promesa. Habían pasado las ocho de la mañana del 4 de abril de 2004 (esta semana se cumplen 13 años) cuando Najaf comenzó a bullir. Una muchedumbre comenzó a arremolinarse en torno a los militares; pronto fueron huestes incontrolables, fusiles en mano, que clamaban por su líder. 

Eran más de 2.000. Y entre la base Al Ándalus y la próxima Camp Baker -a unos 500 metros de distancia- sumaban 50 efectivos españoles, unos 200 salvadoreños, un grupo reducido de estadounidenses y unos 10 mercenarios de Blackwater. También un puñado de hondureños que regresaba de una misión cercana y los pocos soldados iraquíes que no habían desertado.

Comienza el ataque
"Fue un despliegue brutal", comenta el capitán Jacinto Guisado, entonces alférez y al frente de una sección que contaba con cuatro vehículos blindados BMR. "Hicimos un despliegue en fuerza y nos concentramos en rechazar el ataque".
- ¿Y qué se piensa en esos momentos?
- No te da tiempo a pensar en muchas cosas. En cerrar filas, en actuar con lealtad respecto a los que tienes a tu lado. Porque mi vida está en sus manos y la mía en las suyas.
Pero no bastaba con defenderse. Pronto llega la noticia que obliga a los soldados a lanzarse al infierno: en una vieja cárcel próxima -que hacía las veces de academia de formación del nuevo Ejército local- estaban asediados un grupo de salvadoreños e iraquíes. Había que rescatarlos.
Fuego de AK-47, de lanzagranadas RPG, morteros y de algún tirador de precisión apostado en los edificios próximos. El alférez Guisado recibió la orden: "El coronel Alberto Asarta (hoy general) me llamó por radio y me preguntó si tenía la línea de seguridad tomada. Respondí que sí, que el perímetro de la base estaba asegurado, y me pidió que rescatara a los soldados que estaban en la cárcel".
El alférez Guisado organizó un convoy compuesto por los cuatro BMR blindados y 28 efectivos. Las ametralladoras pesadas (12.70) de los vehículos no funcionaban, y pronto se equiparon con otras más ligeras. Salieron al infierno.

Panorámica de Najaf.

Panorámica de Najaf
Por las calles de Najaf
Habla Guisado: "Salimos por la puerta norte de la base y emprendimos el camino hasta la cárcel. Eran unos 3 kilómetros de distancia hasta allí. Llegamos y...".
- Un momento. ¿Cómo fueron esos 3 kilómetros por las calles de Najaf?
- Nos dieron mucha caña. Nos dispararon con RPG y ametralladoras y nos pusieron barricadas. Nos hostigaron mucho, pero conseguimos repeler los ataques y llegar hasta la cárcel. Allí había muchos enemigos, que la rodeaban. Rompimos el cerco y entramos en el edificio.
Dentro, el caos. Había dos muertos. Un soldado del nuevo Ejército iraquí, instruido por la coalición internacional, y el salvadoreño Natividad Méndez Ramos, de 19 años. Esta baja desmoralizó a sus compañeros. Porque la muerte se había producido en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo y él, sin bayoneta, no había podido defenderse. "Vacíe los vehículos del material innecesario para montar a bordo a tres heridos graves", explica Guisado. En el lugar debían de aguardar unos 70 salvadoreños y el cadáver de su compañero fallecido. 

"Volveremos", prometió el soldado español, no del todo convencido de que les permitieran iniciar una segunda incursión hasta la vieja cárcel por el riesgo de la misión. El convoy volvió a romper el cerco y cruzó aquellos 3 kilómetros inciertos. "Nos atacaron mucho", resume el hoy capitán Guisado. Entraron en la base, vehículos tiroteados, y dejaron a los heridos en el Role (nombre militar del hospital de campaña). El coronel Asarta celebra su llegada y pregunta: "¿Cuánta gente hay?". "Tenemos a más de cien personas en la base", responde Guisado. El coronel traslada las nuevas órdenes: "Hay que rescatar a los que se han quedado en la cárcel". Más munición y nuevos preparativos. Las hordas insurgentes aguardaban en el exterior.
- ¿Se puede explicar que se siente en ese instante?
- Que hay unas 70 personas esperando a que los rescatemos. Que son nuestra familia y tenemos que traerlos a casa.
El convoy abandonó la base rumbo a un destino dudoso.

Tiradores en el hospital
El suboficial Francisco Javier González Romero -hoy, brigada- recibió las órdenes desde la base España, en Diwaniya. Atacaban a sus compañeros con tiradores de precisión desde posiciones próximos y debían frenar de algún modo aquellos ataques. Él, como contrafrancotirador, era el elegido. Le debían acompañar el cabo primero Arturo Del Río Tarrio y el soldado Eduardo Juan Pérez. Los trasladaron en helicóptero Cougar hasta Al Ándalus, donde llegaron a las cuatro de la tarde. Inmediatamente tomaron posiciones en los tejados. ¿El enemigo? Seguramente disparaba desde un hospital cercano, un edificio de nueve plantas. "Llegamos en una especie de calma chicha", explica Romero en conversación con EL ESPAÑOL. Detalla cómo era el escenario que se encontraba ante sí: "Era un momento de poco tránsito, pero todo el que pasaba, disparaba".

Fachada del hospital en el que se apostaban los tiradores enemigos.

Fachada del hospital en el que se apostaban los tiradores enemigos

Disparos a un lado y a otro. Las balas silbaban. Desde furgonetas tipo pick-up les atacaban con granadas. Y de pronto se recrudeció el ataque sobre la base. Romero y sus compañeros identificaron el lugar desde el que les atacaba el francotirador, la cuarta planta del hospital. Abrieron fuego y lo abatieron. Se afanaron en defender su posición.

La segunda incursión
El capitán Guisado prosigue su relato, ya desde las calles de Najaf: "El avance fue mucho más duro en esta ocasión porque ahora nos esperaban. Fuimos rápido y disparamos mucho". Se despiertan las inquietudes: "Vimos a críos de 13 ó 14 años que disparaban contra nosotros y... ¿qué se hace ahí? Intentas que huya y, si insiste, le disparas en el pie". Rompieron un nuevo cerco en torno a la cárcel y rescataron a los salvadoreños. Orden de volver directamente. En sus mentes, un pensamiento: "Que sea la última vez que tengamos que salir". "Aparecieron dos (helicópteros) Apache norteamericanos que estaban en contacto conmigo por radio a los que les di el dato de un edificio que nos lo hacían pasar mal. Lo atacaron y nos despejaron mucho el camino". Los españoles se llevaron consigo a 30 salvadoreños y 38 iraquíes, más los dos cadáveres.Pero el camino hasta la base exigía una parada a mitad de camino. Un puñado de salvadoreños se había quedado cercado a mitad de camino. Llegaron hasta su posición y discutieron. 

Los centroamericanos querían rescatar una radio que portaba un soldado herido. Se lanzaron por ella bajo el fuego enemigo. Más riesgo para aquella "batalla de todas las batallas". Salvaron el obstáculo y regresaron a Al Ándalus. Eran aproximadamente las seis de la tarde cuando por fin atravesaron las puertas. El brigada Romero recuerda el gesto de sus compañeros: "Se les veía que pensaban: '¡De la que nos hemos libado!'. Eran conscientes de lo que habían hecho, pero fueron humildes y enseguida se pusieron a trabajar de nuevo". El capitán Guisado explica el pensamiento que dirigió a sus compañeros: "Habéis venido siempre conmigo, pero era mi familia la que estaba a mi lado". Porque ese día, el del 04/04/04, era el cumpleaños de su mujer. Fue a mirar que sus soldados se encontrasen bien, los 27 que lo habían acompañado en aquella misión. Todos ellos abrazados a los salvadoreños a los que acababan de rescatar.

Aquella noche, explica Guisado, fue imposible dormir. En parte, por los acontecimientos. También porque la presión de los insurgentes se mantenía -lo hizo durante varias semanas- sobre la base. José Luis Rodríguez Zapatero ya había ganado las elecciones generales y pronto cumplió su promesa de retirar a las tropas de Irak. Romero permaneció en la base de Al Ándalus hasta el 17 de abril; todos los días repeliendo el ataque insurgente.
- ¿Fue la misión más arriesgada en la que ha participado?
He estado en Bosnia, Líbano, Mauritania, Senegal, Malí... Pero sí, aquella fue la misión más complicada.
- ¿En qué pensaba?
Mi hijo Ángel sólo tenía ocho meses cuando me fui a Irak. Mi otro hijo, Javier, también era muy pequeño. ¡Cuánto pensé en ellos!
Guisado llegó a España el 27 de abril. Lo hizo porque Zapatero le iba a imponer -junto al coronel Asarta- la Cruz Roja, una medalla por sus méritos en batalla. Pero asegura que la cambiaría con los ojos cerrados por un reconocimiento común: "¡Ojalá me la pudieran quitar para que se la dieran a todos los que me acompañaron en esa misión!". (Jesús.R.G.)


"El equipo del tejado".
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La fuerza de Operaciones Especiales finaliza con éxito sus actividades en África en el Ejercicio FLINTLOCK 2017.

Transporte pesada carga externa

La Fuerza de Operaciones Especiales española desplegada en el Sahel ha ejecutado con gran precisión y eficacia todas las actividades realizadas en cooperación con unidades hermanas de países africanos El FLINTLOCK es un ejercicio de asistencia militar organizado y liderado por SOCAFRICA (Mando estadounidense de Operaciones Especiales para África) en el que unidades de operaciones especiales de diferentes países occidentales colaboran con sus homólogas africanas, para el intercambio de técnicas, tácticas y procedimientos propios de las operaciones especiales. 

El Mando Conjunto de Operaciones Especiales (MCOE) español planea y dirige, todos los años, la participación de las unidades de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil en este ejercicio. La Fuerza de Operaciones Especiales (FOE) española fue desplegada en una Base Operativa Avanzada (FOB) en el área del Sahel y estuvo integrada por diferentes unidades y sistemas. Esta FOE fue de entidad Grupo Táctico, conjunto, en este caso liderado por el ET, y estuvo compuesta por un elemento de mando y control, un equipo de operaciones especiales de cada uno de los Ejércitos y Armada (MOE, FGNE y EZAPAC), un equipo del Grupo de Acción Rápida de la Guardia Civil, helicópteros del ET (Chinooks y Cougars) y un CASA 295 del EA, plataformas aéreas con sus tripulaciones en su papel de operaciones aéreas especiales. Además, se integraron dos células de estabilización y un equipo técnico de jefes de salto y de plegadores de la BRIPAC (ET). El objetivo global del ejercicio es el fortalecimiento de las capacidades de los países africanos en áreas diversas concernientes a las operaciones especiales como, por ejemplo, tiro de combate en sus diferentes modalidades, procedimientos de inserción, fast rope, lanzamientos paracaidistas, tanto diurnos como nocturnos, planeamiento de operaciones, etc. 

Autoridades españolas y africanas en FOB

Las actividades realizadas por la FOE, con sucesivos y demandantes ejercicios de toda índole, perfectamente planeados y ejecutados, han permitido obtener unos resultados muy positivos, tanto desde la perspectiva del operador como desde la de las autoridades africanas, que tuvieron la oportunidad de asistir a una jornada demostrativa. La continuidad de la relación establecida con las unidades de operaciones especiales de las naciones africanas ha permitido alcanzar una excelente integración y un gran nivel de eficacia. La participación española en el ejercicio FLINTLOCK supone una clara demostración del compromiso de España con el fortalecimiento de las capacidades de las Fuerzas Armadas de los países africanos del Sahel, lo cual revierte directamente en el incremento de nuestra seguridad, pues contribuye a la estabilidad de la zona ante una amenaza transnacional incierta. Las Fuerzas Armadas españolas trabajan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, por la seguridad nacional, que se construye más allá de nuestras fronteras y empieza en áreas donde se puede generar la inestabilidad. (Jesús.R.G.)

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El Gobierno nombra a los nuevos jefes de los tres ejércitos.




De izquierda a derecha, los generales Varela y Salto y el almirante López Calderón. 
El Consejo de Ministros ha nombrado hoy, a propuesta de la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, a los nuevos jefes de Estado Mayor del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire. Se completa así el relevo de la cúpula militar, que se inició la semana pasada con el nombramiento del jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general de Ejército Fernando Alejandre Martínez. Los hasta ahora jefes de los tres ejércitos ---el general de Ejército Jaime Domínguez Buj, el almirante general Jaime Muñoz-Delgado y el general del Aire Francisco Javier García Arnaiz— fueron nombrados el 27 de julio de 2012, por el que han cumplido cuatro años y ocho meses en el cargo.

El nuevo jefe del Ejército de Tierra es el teniente general Francisco Javier Varela Salas (Puertollano, 1952), que desde 2016 era jefe del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad de la OTAN en Bétera (Valencia). Entre otros destinos, ha estado al frente de la Fuerza Terrestre, del Mando de Fuerzas Ligeras y de la Brigada Alfonso XIII de la Legión, con base en Almería; y ha participado en las misiones en Bosnia-Herzegovina (1992), Kosovo (1999) y Afganistán (2008). El nuevo jefe de la Armada es el almirante Teodoro Esteban López Calderón (Cartagena, 1954) quien desde agosto de 2012 estaba al frente del Mando de Operaciones, que dirige las misiones de las Fuerzas Armadas españolas tanto en el exterior como las permanentes de defensa del territorio nacional (control del espacio aéreo y marítimo). 

Anteriormente fue jefe del Estado Mayor del mismo Mando de Operaciones y jefe de operaciones del Mando Operativo Naval. Entre otros destinos, ha estado al mando de la Agrupación Marítima Permanente nº 2 de la OTAN (SNMG2). El nuevo jefe del Ejército del Aire es el general Javier Salto Martínez-Avial (Madrid, 1955), que hasta ahora era jefe del Gabinete Técnico de la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, cargo para el que fue nombrado por su antecesor Pedro Morenés en junio de 2015. Anteriormente fue jefe de la base aárea de Morón de la Frontera (Sevilla), del programa EF-2000 (Eurofighter) y del Mando Aéreo de Canarias, entre otros destinos. Según fuentes de Defensa, la ministra ha consultado con el general Alejandre los nombres de los nuevos jefes de los ejércitos. Varela y Salto ascenderán al empleo de general de Ejército y López Calderón al de almirante general, todos con cuatro estrellas. Se da la circunstancias de que el jefe de la nueva cúpula militar es el más joven de todos sus miembros. (Jesús.R.G.)

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Presupuestos 2017: La inclusión de las compras de armas dispara el gasto en Defensa un 32%.



Un Airbus A400M  
La inclusión de los Programas Especiales de Armamento (PEAS) –grandes sistemas de armas como el avión de combate Eurofighter, las fragatas F-100 o el carro de combate Leopardo--- en el presupuesto de Defensa para 2017 ha provocado que este se dispare y crezca un 32%, hasta los 7.635 millones de euros, respecto al año pasado, un aumento sin parangón en ningún otro ministerio (los siguientes que más crecen, Sanidad y Justicia, lo hacen un 8 y un 7,7% respectivamente). Se trata, en gran medida, de una ilusión óptica, pues el grueso de este aumento (el 96%) corresponde al pago de dichos programas, que hasta ahora se financiaban al margen del presupuesto. Dos sentencias del Tribunal Constitucional, que anularon por ilegales los decretos leyes con los que se pagaban los PEAS, han obligado a incluir una partida de 1.817,63 millones para abonar tanto 711 millones de la factura de 2016 (cuando la prolongación de un Gobierno en funciones impidió atender los pagos) como 1.107 de 2017.

El volumen de los PEAS es tan desmesurado que distorsiona todo el capítulo de inversiones reales del Estado, que sobre el papel crece un 46,8% cuando, si se descuentan los programas militares, se reduce un 3,3%. El Gobierno ha podido incluir esta partida sin alterar el objetivo de déficit gracias a una peculiar fórmula contable: los sistemas de armas no se imputan al déficit cuando se pagan sino cuando se recepcionan. Como la mayoría de estas armas  fueron recibidas por las Fuerzas Armadas en ejercicios anteriores, no computan para el déficit público. Ello provocó el año pasado el recurso a un sistema denominado “corralito”: aviones de combate terminados y pagados quedaban en manos del fabricante hasta que Hacienda autorizara su entrega al Ejército del Aire. Si se excluyen los PEAS, el crecimiento del presupuesto de Defensa es mucho más modesto, del 0,6%, 33 millones de euros en términos absolutos, pese a lo cual aumenta en una décima (3,8%) su participación en los presupuestos generales del Estado. Según reconoce el Gobierno en la presentación del proyecto, con este incremento se persigue mantener “las capacidades operativas mínimas e imprescindibles de las Fuerzas Armadas”.

El grueso del presupuesto de Defensa sin contar los PEAS (4.432 millones, el 76% del total) se destina a los gastos de personal, mientras que a gastos operativos y de funcionamiento se dedican 743 millones y a inversiones reales (al margen de los grandes programas ya comprometidos) 426, un 12,5% menos que en el año pasado. Además, el Instituto de Vivienda, Infraestructura y Equipamiento de las Fuerzas Armadas cuenta con 186 millones (un 15,4% menos que en 2016) y Instituto Social de las Fuerzas Armadas con 755 (los mismo que este año). El número máximo de soldados y marineros se mantiene en 79.000, una cifra que no varía desde 2014. A pesar de incluir los PEAS, el presupuesto continúa sin reflejar el gasto total en Defensa, ya que las misiones de las Fuerzas Armadas en el exterior (más de 770 millones el año pasado) se siguen financiando con créditos ampliables. Eso significa que probablemente a final de año el gasto militar total ronde los 9.000 millones, en torno al 0,9% del PIB, sin que se haya iniciado de hecho la senda de crecimiento hacia el 2% en una década a la que el Gobierno español se comprometió en la cumbre de la OTAN de Gales de 2014 y que ha reiterado ahora ante las demandas de la Administración Trump. Quedan siete años para cumplir lo prometido. (Jesús.R.G.)

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