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martes, 28 de abril de 2015

España oferta buques y aviones militares a India por 4.000 millones.



India es el mayor cliente de los fabricantes de material de defensa. Entre 2010 y 2014, sus compras representaron el 15% del total mundial, según el Instituto de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI). El pasado día 10, el primer ministro Narendra Modi, cerró en París la compra de 36 cazabombarderos Rafale. Su rivalidad con el vecino Pakistán y su temor a la expansión de China en el Índico explican esta carrera armamentista. 

Hasta ahora, España ha estado prácticamente ausente de este mercado, pero la situación puede cambiar si prosperan las conversaciones en curso, en las que empresas como Airbus Military y Navantia han ofertado aviones y buques de guerra por valor de más de 4.000 millones. La compañía aeronáutica europea está pendiente de que India decida la adquisición de seis aviones cisterna A330 MRTT, que se montan en España, por unos 1.200 millones; y negocia la venta de 56 aviones de transporte C-295 por casi 2.000 millones. Navantia, por su parte, se ha asociado a un astillero indio para ofrecer cuatro megabuques multipropósito LHD, similares al Juan Carlos I de la Armada española, por unos 1.600 millones, en un concurso en el que compite con empresas de Francia y EE UU. También aspira a vender cazaminas y un barco de aprovisionamiento en combate (BAC) como el Cantabria español. 

India, que aspira a convertirse en una potencia productora de armamento y no un mero consumidor de productos extranjeros, exige transferencia de tecnología y que buques y aviones se fabriquen en su país, lo que limita el margen para las empresas españolas (la venta de los LHD podría significar para Navantia unos 400 millones). Los industriales consideran que vale la pena poner el pie en el mercado indio y asegurarse el suministro de repuestos y mantenimiento de los equipos a largo plazo, aun con el riesgo de crearse un competidor más barato. El ministro de Defensa, Pedro Morenés, que ya acompañó al rey Juan Carlos en su visita de 2012, regresó el pasado 4 de marzo a la India para ofrecer la firma de acuerdos entre los dos gobiernos que sirvan de paraguas a estos contratos. Y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha viajado a Nueva Delhi acompañado por los responsables de algunas de las principales empresas militares españolas, como Airbus, Navantia o Indra. 

Defensa no es el único sector en que el que las compañías españolas pugnan por hacerse un hueco. Los planes del Ejecutivo de Modi, que se propone invertir 200.000 millones de dólares al año en carreteras y ferrocarriles o construir 50 millones de viviendas, suponen un suculento pastel. Pero también hay ambiciosos proyectos en sectores como el tratamiento de aguas o energías renovables, en los que España es líder mundial. Los empresarios recelan de muchos de estos planes acaben como el cuento de la lechera: los procesos de licitación se alargan indefinidamente, y con frecuencia se paralizan o cancelan sin explicación, y la excesiva burocracia, la falta de seguridad jurídica o la corrupción convierten en un calvario la adjudicación de un contrato. Aunque la caída del precio del petróleo ha dado un respiro a India –cuya dependencia energética del exterior es uno de sus talones de Aquiles—, sus autoridades exigen un sólido respaldo financiero a sus socios extranjeros, lo que desanima a las pequeñas y medianas empresas. 

Con todo, la firma española Aldesa, asociada a la india Tata, se ha adjudicado un tramo del corredor ferroviario de mercancías por unos 460 millones de euros, financiados por el Banco Mundial, mientras que Abengoa construyó una desaladora en Chennai y Cadagua (Ferrovial) una potabilizadora en Tamil Nadu. Las compañías a las que les va mejor, según fuentes empresariales, son las que (como Roca o Gamesa) han optado por construir plantas en la India para acceder a un mercado doméstico de más de 1.200 millones de consumidores. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, mantuvo una intensa agenda de contactos políticos en Nueva Delhi: tras inaugurar un seminario empresarial organizado por la confederación india de la industria, se reunió con el ministro de Desarrollo Urbano, Venhaiah Naidu, el de Finanzas, Shri Arun Jaitley, su homóloga de Exteriores, Sushma Swaraj, y el propio primer ministro Modi, quien visitará España en 2016, coincidiendo con el 60 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas. (Jesús.R.G.)


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El programa experimental de Guerra Subterránea de La legión española.

El Ejército de Tierra español, asignando la responsabilidad del proyecto a la Brigada de La Legión, ha puesto en marcha un programa experimental para la investigación y desarrollo de una modalidad de combate semántica y esencialmente clandestina: la Guerra Subterránea (GS). Dos secciones del Tercio Don Juan de Austria, una de cada Bandera (VII Valenzuela y VIII Colón), fueron designadas como unidades piloto para llevar a cabo los primeros ejercicios y obtener las correspondientes lecciones aprendidas. 

La Guerra Subterránea se desarrolló en origen para alcanzar bajo tierra las murallas enemigas, con el objeto de minar sus cimientos y derribarlas o de penetrar en el interior de las fortalezas soslayando los muros defensivos a través de los propios túneles. En el entorno operativo como el actual, donde impera la guerra asimétrica y proliferan las actividades clandestinas, la amenaza subterránea no puede ser desestimada ni subestimada, y así lo ha entendido el Ejército de Tierra. Las unidades han de ser objeto de una preparación especial y especifica basada en la recreación de ambientes y situaciones que se parezcan en lo posible a los escenarios reales (cuevas, túneles, alcantarillas, minas…).

Es asimismo necesario avanzar en la investigación y desarrollo de tecnologías y materiales concebidos y diseñados para el combate bajo tierra: medios de visión nocturna, transmisiones, armamento, artefactos robotizados para reconocimiento y destrucción... En todo tipo de operaciones se ha hecho común el uso de sofisticados sistemas (CIS, localización y posicionamiento, ayudas a la navegación, adquisición de objetivos, puntería, etc.) que facilitan el combate a las fuerzas que cuentan con superioridad tecnológica. El empleo de estos medios se ha generalizado tanto –incluso en las pequeñas unidades y a nivel individual– que parecen haberse hecho imprescindibles. Sin embargo la configuración de los espacios subterráneos limita e, incluso, impide el empleo de determinados medios técnicos, sobre todo de aquellos cuyo funcionamiento se basa en el procesamiento y transmisión de datos (radio frecuencias, señales satélite, redes wifi…). 

Respecto al armamento, los efectos de las armas en el interior de espacios cerrados son especialmente peligrosos y de difícil control. Los disparos de fusilería pueden afectar a las tropas propias, ya que los rebotes son múltiples e impredecibles. Igual o más peligroso resulta el empleo de armas y municiones de mayor potencia: las granadas de mano, lanzagranadas, lanzacohetes y demás artefactos explosivos pueden provocar importantes daños colaterales, muy difíciles de prever y controlar (lesiones al personal y destrucciones en los propios espacios). Un extenso reportaje en la edición de mayo de FDS, completado con una entrevista al coronel jefe del 3er Tercio, Antonio Esteban López, aborda en profundidad este innovador programa experimental que acomete La Legión española. (Jesús.R.G.)


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