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viernes, 23 de mayo de 2014

El gran portaviones agoniza a los 32.


El arriado de bandera definitivo para el «Príncipe de Asturias» se vivió con solemnidad. 

El portaviones Príncipe de Asturias vivió ayer un agónico cumpleaños. El 22 de mayo de 1982, hace 32 primaveras, tenía lugar su botadura. Ahora sigue en el mismo lugar donde nació, en Ferrol, pero a la espera, salvo gran sorpresa, de su fin definitivo: la conversión en chatarra.

¿Por qué decidió la Armada darlo de baja?
Por dos motivos, fundamentalmente. El primero, el elevado coste de mantenimiento 30 millones de euros anuales sin apenas navegar. El segundo, que el megabuque Juan Carlos I, pese a no ser estrictamente un portaviones ya que se trata de un barco multipropósito, puede ejercer como tal.

¿Cuándo se retiró de manera definitiva del listado de barcos de la Armada?
A las 13.30 horas del 13 de diciembre del 2013, cuando se procedió al arriado definitivo de su bandera. Pero desde el propio inicio del proceso de baja de la unidad comenzaron las especulaciones sobre posibilidades para salvarlo del desguace. De momento, ninguna ha cuajado, ni parece que vaya a hacerlo.

¿Qué posibilidades se barajaron inicialmente?
De entrada, la comercialización del barco a otro país. Con un doble objetivo. Engordar las arcas del Ministerio de Defensa y, sobre todo, conseguir carga de trabajo para el naval público, ya que la unidad necesitaría un costoso proceso de reforma para volver a ser un buque de guerra.

¿Hubo interés?
Sí. Marinas como la de Indonesia o Angola llegaron a desplazar hasta Ferrol delegaciones militares para ver el portaviones. Pero ninguna operación ha cuajado. El coste de esa necesaria reforma es uno de los motivos. Otro es que, como se ha indicado en numerosas ocasiones desde la cúpula de la Armada, pocas Marinas extranjeras tienen capacidad para operar un buque de esas características por dotación, preparación de la misma, costes de mantenimiento... Y las que podrían hacerlo, no lo necesitan.

¿Hay más iniciativas?
La más reciente ha sido la impulsada por dos senadores del PP y el PSOE Manuel Altava y Emilio Álvarez, firmada también por otros representantes de diferentes ámbitos sociales, para que el portaviones se convierta en un museo flotante como monumento de la España democrática. Pero como señaló Altava, consultado al respecto, la propuesta no iba dirigida a ninguna institución en concreto, sino a reabrir el debate sobre el futuro del portaviones.

¿Qué ha dicho Defensa?
El pasado día 13 el secretario de Estado de Defensa, Pedro Argüelles, señaló al respecto que se estudiarían alternativas llegadas de la iniciativa privada, si existieran, pero dejó claro que es una posibilidad remota. Mucho. Añadió que «las cosas se están haciendo bien desde el principio» y que es un barco que «ha llegado al final de su vida operativa útil». Su fin es el desguace. Como aviso a navegantes, desde Defensa se ha señalado que transformar el portaviones en museo costaría diez millones de euros más tres de mantenimiento anual. Tirando por lo bajo. Para que las cifras de la iniciativa queden claras.

¿Cuál es la situación hoy?
Fuentes de la Marina directamente relacionadas con el desarme final del Príncipe de Asturias señalaron ayer que se continúa con el proceso. A menos que se concrete alguna de las iniciativas mencionadas para evitar que el barco se convierta en chatarra todas ellas cada vez más remotas saldrá a subasta durante el presente ejercicio y será retirado de las instalaciones militares en el 2015. El barco ha vivido su 32 cumpleaños desde su botadura avejentándose en el muelle de Navantia en el que está amarrado. En plena agonía.


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