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lunes, 7 de julio de 2014

Las Fuerzas Armadas ante el nuevo reinado.


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Terminado el reinado más brillante de nuestra historia, se abren tiempos de renovación para España, que debe afrontar, como dijo S.M. el Rey, nuevos retos y desafíos. De cómo seamos capaces de afrontar estos retos dependerá nuestro futuro como nación, nuestro bienestar y nuestra seguridad. Espero que este nuevo reinado sea tan largo y fructífero como el del Rey Juan Carlos, y que suponga la continuidad en nuestro desarrollo democrático, social y político, que son las ambiciones de España como nación. S.M. el Rey, en su discurso de coronación, esbozó una perfecta hoja de ruta de los desafíos y de los pasos que deben guiar el actuar de la sociedad española para continuar en la senda del crecimiento, el fortalecimiento de la justicia y la profundización de la igualdad en una sociedad basada en el mérito personal.

Pero si analizamos en detalle sus palabras, y si a eso añadimos que si algo estuvo presente en toda la ceremonia de coronación, fue el vinculo de S.M. con la institución militar, no cabe duda de que es momento de definir los retos que afrontan nuestras Fuerzas Armadas, precisamente para hacer frente a muchos de los desafíos que afectan a nuestra seguridad y relaciones exteriores  y que fueron bien enumerados en el discurso de coronación.

Es evidente que en los últimos cuarenta años, la sociedad en su conjunto ha sufrido una transformación sin precedentes y ha asumido los perjuicios y daños de esa transformación y también disfrutado de sus beneficios. Pero si hay una institución que ha asumido la mayor transformación en estas décadas han sido, sin duda, las Fuerzas Armadas. De bando vencedor de una guerra civil y ejercicio de una dictadura desde las máximas instancias del estado a convertirse en servidores del conjunto de la sociedad asumiendo su posición constitucional con obediencia y respeto, hay un gran abismo. Con gran respeto a todas las instituciones del Estado, nadie ha hecho un esfuerzo mayor de regeneración democrática que las Fuerzas Armadas. Las Fuerzas Armadas sufrieron junto a las fuerzas de seguridad el embate terrorista con cientos de asesinatos, algunos de ellos compañeros y amigos de cuerpo, que hoy y siempre debemos recordar con admiración, y sin embargo nunca mostraron fractura, sino plena colaboración y dolor contenido.



Cuando las crisis económicas han zarandeado nuestra estructura de bienestar, han sido los presupuestos de defensa los más sacrificados en un esfuerzo de solidaridad, ya que no por ello han mermado ni el entusiasmo ni mucho menos las misiones militares en el exterior, preservando nuestra seguridad y ayudando a todos aquellos que han sufrido en los últimos veinticinco años los desastres de las guerras en África o en Asia, o de los cataclismos naturales. Durante este esfuerzo de cooperación sin precedentes, muchas vidas se han quedado también en el camino. La industria española de defensa fue capaz durante muchos años de servir de proa del desarrollo tecnológico e industrial de nuestro país, en sectores tan críticos para una economía moderna como el espacio, la aeronáutica, las tecnologías de la información, la industria naval y un largo etc. de industria auxiliar. Si es prioridad de S.M., y así debe ser, el impulso de la tecnología y la industria como motor de futuro, se necesitará contar con la industria de defensa y aerospacial. Pero las Fuerzas Armadas de hoy afrontan también numerosos problemas internos. Las reducciones de presupuestos han puesto en serio peligro nuestra capacidad de defensa, que va mucho más allá de las operaciones en el exterior o de la colaboración con el resto de la sociedad en la lucha contra todo tipo de calamidades. 

Ayer se hacía público que el número de refugiados en el mundo supera los 51 millones de personas, más que como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Esto nos muestra que el mundo es cada vez más inestable y que los riesgos de conflictos militares de gran escala no nos son tan ajenos.  A poco más de cinco horas de avión tenemos más de diez conflictos militares en el Sahel, Oriente Medio y Europa.  Hoy vemos cómo Rusia está a punto de invadir un país europeo y democrático, y si se produce, puede ser la puerta del abismo en Europa. Afrontar desafíos requiere en primer lugar; reconocer los puntos de partida, y éstos nos muestran que nuestras Fuerzas Armadas no disponen de los medios necesarios para afrontar con garantías los desafíos militares que seguramente se desarrollarán en los próximos años. En primer lugar, se necesita revertir la situación de colapso presupuestario. No hay dinero para hacer lo que se debería estar haciendo, y bajo las fórmulas presupuestarias que se establezcan, pero necesitamos devolver al presupuesto de defensa gran parte de lo perdido en los últimos años y necesitamos hacerlo rápido, porque las amenazas no tienen el detalle de esperar a que nuestra economía se recupere del todo. Los primeros dineros deben servir para mejorar el entrenamiento, el mantenimiento y la operatividad. Estas son las primeras necesidades perentorias.



En segundo lugar, necesitamos incorporar a nuestras Fuerzas Armadas nuevos equipos. Los últimos que se han adquirido fueron diseñados a finales de los ochenta y comienzos de los noventa (fragata AEGIS, submarino S-80, Eurofighter, A-400M). Las Fuerzas Armadas deben incorporarse a las tecnologías y medios del siglo XXI. Vehículos sobre ruedas multipropósito constituyen la primera prioridad, ya que no nos podemos permitir un nuevo conflicto exponiendo a nuestras tropas a una ausencia de protección y movilidad como la que hemos sufrido en las últimas décadas y que ha habido que resolver con soluciones de urgencia. Los vehículos actuales no pasarían ninguna ITV. Vehículos pesados sobre ruedas, con sistemas de protección balística de última generación, con sensores y sistemas de control remoto, con sistemas de mando y control que les hagan parte esencial de un sistema de sistemas. Sistemas no tripulados constituyen una segunda prioridad. España está perdiendo el tren de estas tecnologías que serán determinantes de la superioridad militar de las próximas décadas, por la ausencia de presupuestos. Sistemas de reconocimiento y de combate aéreo, terrestre y naval deben incorporarse con carácter inmediato. Sistemas de mando y control y comunicaciones incorporando las últimas tecnologías constituyen una tercera prioridad.

Pero para poder afrontar todas estas necesidades necesitamos una industria española fuerte y competitiva. Poco contribuiría a nuestro desarrollo tecnológico e industrial terminar adquiriendo todos estos sistemas en Francia o Estados Unidos sin ninguna colaboración nacional, o quedando como en los años setenta como meros subcontratistas de las partes industriales. La industria de defensa está más allá del colapso y necesita, en primer lugar, nuevos proyectos en los que tenga una participación tecnológica de primer nivel, y esto sólo lo puede pilotar el gobierno. Admás, la industria necesita exportar esos productos y para ello se necesita apoyo político, líneas de financiamiento y una colaboración público-privada en la promoción y comercialización. El Rey Juan Carlos ha sabido liderar grandes operaciones de exportación durante su reinado, desde los camiones Pegaso hasta el portaeronaves a Tailandia, las fragatas a Noruega y una larga lista; y también se ha batido el cobre en otros mercados donde no tuvo éxito pero no le importó afrontar los riesgos y el descrédito que podría comportar un fracaso, y por eso mismo nunca nadie le pasó factura, sino todo lo contrario, agradecimiento. No hay pueblo más agradecido que el español ni industria que mejor sirva a su país que la de Defensa.



No hay otra obligación mayor que tenga un gobierno que dedicar su presupuesto a desarrollar e incrementar las capacidades empresariales para generar inversión y empleo. El ministerio debe dotar con recursos públicos a los organismos que deben apoyar la internacionalización, pero no de manera cutre, sino con ambición y sin complejos. No hace falta más que ir a una feria internacional como Eurosatory y aprender de los demás. Atender estas prioridades no es cuestión de elección política o de oportunismo, es materia de seguridad nacional; retrasar las medidas no puede ser una opción. Soy consciente de que corresponde al gobierno adoptar las medidas y ejecutarlas, pero estas cuestiones no pueden ser ajenas a las funciones que corresponden a S.M. el Rey. La hoja de ruta ya ha quedado marcada, esperemos que los gobiernos actuales y futuros sepan entender el mensaje y adoptar con prontitud las medidas, porque lo que está en juego es mucho. (J.R.G.)

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