miércoles, 31 de enero de 2018

Obras en la base de Rota para proteger del mar infraestructuras militares estadounidenses.


Zona de la costa gaditana que van a regenerar los militares estadounidenses.
Zona de la costa gaditana que van a regenerar los militares estadounidenses.
Hace unos días se celebró junto a una playa del norte de la bahía de Cádiz una curiosa ceremonia: cuatro mandos militares de Estados Unidos y uno de la Armada española se fotografiaron con unas grandes palas en la mano y cascos de obra en la cabeza. Junto a ellos habían excavadoras y otra maquinaria. Todo respondía a un proyecto que ha emprendido la Fuerza Naval de Construcción de la Marina estadounidense, y cuyas obras se extenderán hasta 2020. Se trata de un intento de estabilizar la costa de esa parte de la bahía de Cádiz, cuya erosión amenaza gravemente a partes vitales de la base naval de Rota.

Los estadounidenses van a utilizar 210.000 toneladas de roca para tratar de recuperar la estabilidad de 950 metros de costa que discurre justo ante la zona de viviendas de la base naval de Rota. Esta zona se ve sometida al embate de las mareas altas y a la presión de aguas subterráneas. Todo ello provoca una erosión en el acantilado que, de continuar avanzando, podría poner en peligro infraestructuras importantes. Por ejemplo, los estadounidenses quieren proteger un tanque de combustible que se encuentra a cien metros de la costa. Se trata de uno de los mayores tanques de la Marina, que sirve para suministrar combustible a los barcos de la US Navy, pero también a la Armada española y a otras flotas aliadas que pasan por Rota.


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España toma el mando de la misión europea para evitar que Mali sea el nuevo Califato.

Cospedal, este miércoles durante la visita a las tropas españolas destacadas en Mali.

España toma el mando de la operación europea en Mali en su momento más crítico. El general de brigada español Enrique Millán Martínez se ha convertido este miércoles en el jefe de los 580 militares de 27 países que forman parte de la misión de la UE en Mali (EUTM Mali) cuando el conflicto que se inició en 2012, con la rebelión de tuaregs y yihadistas en el norte del país, se agrava peligrosamente. En palabras de la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, se trata de “evitar una degradación irreversible de la situación que sin duda tendría incalculables consecuencias” para la región y para Europa. Las cifras hablan por sí solas: este mes de enero han muerto en combate medio centenar de soldados malienses, un tercio de los que lo hicieron en todo 2017. 

La MINUSMA, la misión de la ONU para Mali, ha sufrido en el último lustro 91 bajas, casi la mitad de los cascos azules muertos en todo el mundo. La misión europea, que se limita a instruir y asesorar al Ejército maliense, ha tenido de momento más suerte, solo un militar portugués fallecido, pero las medidas de protección se han extremado y el riesgo acecha cada vez más próximo. El conflicto, confinado hasta ahora en el norte desértico, se ha desbordado y se extiende ya por el centro del país, en plena zona de operaciones de los militares europeos. El pasado sábado, 14 soldados malienses murieron en un ataque contra una base en Soumpi, a 100 kilómetros al suroeste de Tombuctú, y el jueves 26 civiles perdieron la vida al pisar una mina el autobús en el que viajaban en Boni, en el centro del país. ¿Qué ha sucedido para que cinco años después del desembarco de la comunidad internacional Mali se asome de nuevo al abismo? Fuentes de la inteligencia militar apuntan a la creciente coordinación de la miriada de bandas en la órbita de Al Qaeda que han constituido el JNIM (Grupo de Apoyo a los Musulmanes) y a la llegada de combatientes procedentes de Siria, Irak y Afganistán, con experiencia de guerra y formación militar. 

En palabras del general Millán, el Estado Islámico, desalojado de su bastión en Oriente Medio, “está buscando donde anclarse. Tienen un pie sólidamente asentado en el desierto y quieren fortalecerse en la orilla del río Níger”. Se trata, explican los expertos militares, de reconstruir en el Sahel el perdido califato de Raqa y la zona central de Mali es un pasillo estratégico entre los yihadistas del Sahara y los de Boko Haram, al norte de Nigeria. España, según ha dicho Cospedal en Bamako, ayudará a las Fuerzas Armadas de Mali “a luchar contra aquellos que quieren hacer de su país el pasto del terrorismo, la criminalidad y una tierra sin esperanza”. El coste de la misión ascenderá este año a 88,5 millones. El hotel Nord Sud de la capital, sede del cuartel general de EUTM Mali, antes protegido con un liviano cordón de seguridad, se ha convertido en una fortaleza y el acto de relevo entre el general belga Peter Laurent y el español Millán se ha rodeado de extraordinarias medidas de seguridad. 

La asunción del mando ha obligado a España a aumentar de 140 a 292 los efectivos en Mali, no solo porque haya que sustituir a la compañía de protección belga sino porque los instructores europeos están empezando a salir de sus dos únicas bases, Bamako y Koulikoro, a 60 kilómetros de la capital, para instruir a las tropas malienses allá donde están. En junio de 2016 se activó el primer CMTT (Equipos Combinados Móviles de Asesoramiento e Instrucción). Se trata de grupos de entre 30 y 100 instructores que se desplazan durante 4 o 5 semanas a los cuarteles del ejército maliense. Hasta ahora se han desplazado una decena, el último en estos días, liderado por primera vez por España, a Sikasso, al sureste del país. En la cuarta fase de la misión, prevista a partir de mayo, estos despliegues deberían hacerse permanentes. El general Millán, sin embrago, se muestra muy cauto y advierte de que primará la seguridad por encima de todo, consciente de las limitaciones que cada uno de los 27 países participantes pone al empleo de sus militares. EUTM Mali carece de helicópteros, por lo que tiene que alquilarlos a una empresa civil, al igual que su único hospital de campaña desplegable. 

En esas condiciones, el envío de cualquier equipo requiere una cuidadosa planificación y no puede activarse más de uno cada vez. Aunque la misión europea ha instruido ya a 11.500 soldados, un tercio del ejército maliense, sus frutos no son los esperados. Ello se debe, según los expertos, a múltiples factores, como el hecho de que la UE instruya a un Ejército al que sin embargo se niega a armar, por lo tiene que buscar el armamento por su cuenta. El trasfondo político del conflicto tampoco se ha resuelto: el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha dado un plazo de dos meses a las partes, incluido el Gobierno de Bamako, para que cumplan bajo amenaza de sanciones los acuerdos de paz firmados en 2015 con los nacionalistas tuareg, lo que incluye la celebración de elecciones este mismo año. En Mali conviven tres misiones internacionales: la europea, la de la ONU y la francesa (la Operación Barkane), la única de carácter ofensivo. Sus responsables se coordinan entre sí de manera informal, pues no hay ningún mecanismo institucional que lo garantiza. (Jesús.R.G.)


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La española Navantia preseleccionada para construir cuatro portaaeronaves para la Armada india.



Navantia ha superado el primer obstaculo para hacerse con un jugoso contrato para la Armada de la india que supondría un gran balon de óxigeno para la naval durante los próximo años. De hecho, la oferta de la constructora naval española, y una de las más importantes de Europa, ya está entre las preseleccionadas y se espera que en un plazo de tres meses se anuncie si ha resultado adjudicataria del diseño de cuatro portaeronaves para la India.

El presidente de la empresa pública Navantia, Esteban García Vilasánchez, que ha participado en la jornada 'Cómo avanzar a través de la innovación', ha comentado a los medios de comunicación que éste, junto a la próxima adjudicación del contrato para hacer nueve fragatas en Australia, es uno de los proyectos más inmediatos de la empresa pública. En el caso de las cuatro portaeronaves para la India, que se construirán en ese país, Navantia compite con la francesa Naval Group, el nuevo nombre de DCNS. Precisamente con DCNS junto con Navantia consiguió en 2005 un contrato para la construcción de seis submarinos del tipo Scorpene para la Marina de la India por un importe de 1.200 millones de euros. Además, Navantia también está entre las compañías preseleccionadas para la adjudicación de un programa para el diseño y construcción de nueve fragatas para la Armada australiana, cuyo contrato se firmaría durante este 2018 y que se empezarían a construir en 2020 en territorio australiano.

En este caso, la empresa española compite con la italiana Fincantieri y la inglesa British Aerospace (BAE) por un contrato que asciende a 35.000 millones de dólares australianos (unos 22.895 millones de euros) y la intención del Gobierno australiano es adjudicarlo a un único competidor. Este proyecto de las futuras fragatas representa el programa naval de superficie más relevante que va a acometer Australia en su historia y, en el caso de resultar ganadora, Navantia tendría asegurada su presencia y consolidación en ese país para los próximos 25 años, y con gran potencial para futuras oportunidades. Por otra parte, a comienzos de diciembre pasado, el grupo naval Navantia, junto con sus socios Saab Australia y CEA Technologies, anunció que había presentado una oferta para optar al programa Canadian Surface Combatant (CSC), que contempla la construcción de quince fragatas para la Marina de Canadá. La propuesta de Navantia se basa en la fragata F-105, construida para la Armada española, que ya se ha exportado a Noruega y Australia. (Jesús.R.G.)


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