martes, 25 de junio de 2019

Los Seal gaditanos de la Armada Española.

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«Un hombre o una mujer con dedicación absoluta. Capaz de realizar sus cometidos de manera eficiente bajo cualquier adversidad, frío, sueño, hambre o cansancio. Situaciones que son francamente difíciles de entrenar». Esta es la definición de un militar de la Fuerza de Guerra Naval Especial formulada por uno de sus miembros, Magally (nombre en clave). Nacido en Algeciras hace 46 años, es militar de tropa y marinería permanente y lleva media vida en operaciones especiales.

Es uno de los gaditanos que forman parte de la élite de las Fuerzas Armadas españolas. Los boinas verdes de la Armada que son, asegura su comandante, el coronel Pedro Antonio Martínez Rodríguez de Lema, «parte de los herederos de una raza de guerreros, la gente de mar y la gente de guerra de la Armada Española, que sostuvo la más larga campaña que se ha visto, manteniendo abiertas las líneas de comunicación del imperio durante siglos, allá donde fuera necesario».

Los miembros de la FGNE mantienen su identidad en secreto.

El coronel Rodríguez de Lema, isleño, lleva un año al frente de esta unidad de la Infantería de Marina que celebra su décimo aniversario. Compuesta por militares «destinados actuar en vanguardia, audaces para acometer las misiones que se nos asignen y serenos ante los riesgos que su cumplimiento conlleva». Hombres y mujeres «comprometidos con los ideales de la unidad: sacrificio, trabajo, disciplina, firme voluntad de victoria cualquiera que sea la empresa a acometer, y compañerismo». Asegura su jefe que los militares de la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE) están lejos «de la imagen tradicional de una especie de Hércules con armas de fuego» y que cuentan con cualidades como la audacia, la serenidad, la resistencia mental y la humildad.

Abordaje de submarino.

Precisamente esa característica, la humildad, es la que más subrayan los boinas verdes como necesaria, «para saber reconocer tus errores, aceptarlos y mejorar», señala Galgo, suboficial de 43 años y natural de Cádiz. Humildad acompañada de trabajo, voluntad de ser mejor cada día, honradez, amor a España, capacidad de sacrificio y lealtad.

Combatiendo piratas y terroristas
Un compendio que les hace ser ‘los guerreros perfectos’ para todo tipo de operaciones especiales: rescate de rehenes, asalto a buques o lucha contra el terrorismo, entre otras. Así lo han mostrado en todas las misiones, operaciones y ejercicios en los que han participado en esta década. Como en la liberación del pesquero ‘Alakrana’ en 2009, la liberación en 2011 de la ciudadana francesa Evelyn Colombo de manos de piratas o el rescate el pasado mes de abril de un jabeque yemení que fue secuestrado en el Índico. Hoy en día ha Fuerza de Guerra Naval Especial participa en la operación ‘Atalanta’, la operación de seguridad cooperativa en Cabo Verde o en algunos países del Sahel, así como en ejercicios nacionales de carácter específico de la Armada, conjuntos e internacionales de operaciones especiales. 

Y, afronta el reto de, como explica su comandante, «liderar por primera vez el mando del Special Operations Task Group (grupo de operaciones especiales) en el marco de la operación de Apoyo a Irak, formando parte del Mando Conjunto de Operaciones Especiales (CJDOTF-I) en el país, liderado por Estados Unidos y en coalición con varios países. Cuya misión es la derrota militar del Daesh» (grupo terrorista yihadista autoproclamado Estado Islámico) «mediante la asistencia militar a las fuerzas de operaciones especiales iraquíes». Pero la Fuerza de Guerra Naval Especial lleva muchas más misiones a sus espaldas que las de esta última década, ya que es heredera de más de 50 años de operaciones especiales. Esta unidad procede de la fusión de la Unidad de Operaciones Especiales (UOE) del Tercio de Armada de San Fernando (creada en 1966) y la Unidad Especial de Buceadores de Combate (UEBC) del Centro de Buceo de la Armada. 


«Se tuvieron que proyectar nuevas infraestructuras para acoger a la unidad, normalizar los procedimientos de dos unidades muy diferentes, proponer un nuevo sistema de formación para los operadores de guerra naval especial, definir qué nuevos materiales eran necesarios, elaborar publicaciones doctrinales, hacerse independientes del apoyo logístico que el Tercio de Armada y el Centro de Buceo proporcionaban a las unidades predecesoras. Todo ello mientras la participación de los boinas verdes de la Armada en operaciones crecía de forma casi exponencial. Porque estos diez años han sido los de mayor implicación en operaciones de la historia de las operaciones especiales en la Armada», explica el coronel Rodríguez de Lema.

«No nos comparamos nunca»
De hecho, muchos de los miembros gaditanos de la FGNE proceden de la UOE, como es el caso de Galgo, que ingresó en 1998 en operaciones especiales, de Magally, que lo hizo un año antes, o de Peri, militar de tropa y marinería permanente que, a sus 47 años lleva dos en la FGNE y una mochila de otros 17 en la UOE. Y, como no podía ser menos, su comandante ha servido en la UOE en todos sus empleos hasta que fue disuelta. «Las misiones y los materiales nos han hecho evolucionar a una velocidad realmente grande», pero los recuerdos de entonces «están ligados a las personas. Gente dura, leal y honrada que se dejaba la piel en el ejercicio intentando mejorar. Mucha de esa manera de ser perdura aquí: tozudez en mantener el esfuerzo, lealtad en el cumplimiento y amor a España». 

Los boinas verdes están preparados para realizar operaciones en cualquier entorno.

«Recuerdo como si fuera hoy mi primera subida a la Cruz del Romero. En una época donde podías pasarte días enteros andando por el monte sin cruzarte con nadie, aquel bosque era especialmente bello», cuenta el jefe de los boinas verdes. «Cuando llegamos arriba amanecía y pudimos contemplar los campos hasta Algeciras a un lado y hasta Cádiz al otro. No creo haber visto nada más bonito nunca». Han participado en misiones y operaciones en todos los continentes: Libre Hidalgo (Líbano), Irak, ‘Atalanta’ (océano Índico),Cabo Verde, Senegal, el Sahel, Bosnia, Túnez, Mauritania o ‘Libertad Duradera’ (Afganistán). Y han conseguido situarse entre las unidades de operaciones especiales más respetadas del mundo. Se adiestran con los Seal de la US Navy, los Formoza de Polonia, los Marsof de los Países Bajos, las SFG de Bélgica o los DAE de Portugal. Pero «no nos comparamos nunca» afirma su comandante. «En ejercicios y operaciones colaboramos con otras unidades para comparar tácticas, técnicas y procedimientos para mejorar. Nada más. Ellos aprenden y nosotros también».

«Cada mañana es un reto»

Son la élite. Solo superan el proceso de formación el 40% de los aspirantes que se presentan para formar parte de la Fuerza de Guerra Naval Especial. «Recuerdo mi instrucción dura, pero siempre motivado por la ilusión de llegar a la unidad en la que ya había estado de prácticas y a la que deseaba volver», cuenta Yankee, oficial de 29 años, nacido en Rota y que lleva casi cuatro años en la FGNE. «Durante el proceso de formación se recibe instrucción básica del combatiente, instrucción físico militar, curso de paracaidismo básico y de mandos, tiro, explosivos, comunicaciones, sanidad militar, superación de obstáculos, vida, movimiento y combate invernal, movilidad en vehículos tácticos, buceo de combate, plataformas navales y un largo etcétera», detalla. «Te entregas en cuerpo y alma a unos instructores en los que crees a fe ciega. 

Durante su formación también aprenden a saltar en paracaídas.

Ellos te llevan a superar pruebas y situaciones que jamás habría supuesto en mi vida, llevan tu cuerpo y mente a situaciones tan extremas (frío, calor, sufrimiento, sacrificio, sueño, hambre, sed), que nunca hubiese imaginado encontrármelas. Una vez superado, te sientes el hombre más dichoso del mundo», recuerda Peri. Pero, advierte su compañero Magally, «lo más duro no es conseguir la boina verde, sino mantenerla, que es lo que te hace ser especial». Y es que el día a día en una unidad de operaciones especiales «es una caja de sorpresas», relata Yankee, «una lucha diaria para alcanzar la perfección en todas las tareas», explica Galgo. Saben cuando entran a trabajar pero no a la hora a la que van a salir, por eso, en palabras de Peri, «cada mañana que amanece es un reto», «un continuo y minucioso adiestramiento específico», concluye Magally.

Los militares de la FGNE también saben tácticas de combate invernal.
Los militares de la FGNE también saben tácticas de combate invernal

El oficial Yankee sabe que, muy a su pesar, tendrá que dejar la FGNE en el futuro, mientras que suboficial y tropa esperan acabar su carrera en esta unidad y jubilarse portando la boina verde. La Fuerza de Guerra Naval Especial continuará combatiendo el terrorismo, como una «eficaz herramienta la lucha asimétrica», tal y como señala el coronel Rodríguez de Lema. Por delante, los ‘Seal’ españoles tienen «un futuro, interesante e intenso con muchos compromisos y despliegues operativos que van a exigir lo mejor de la Fuerza de Guerra Naval Especial para poder hacer frente a un mundo y sociedad en continuo cambio que nos obligará a una constante adaptación». (Jesús.R.G.)

Fuente: https://www.lavozdigital.es/

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Los A400M no permiten el salto más habitual de los paracaidistas.


El Ala 31 del Ejército del Aire cuenta ya con cuatro aviones de transporte Airbus A400M, dentro de un programa para dotarse de 27 unidades de este modelo. Aire está desarrollando un Plan de Implantación del avión y se están desarrollando las capacidades, entre las que todavía no se encuentra el salto en modo automático. Confidencial Digital ha podido consultar con fuentes internas de las unidades paracaidistas de las Fuerzas Armadas, que en los últimos meses han participado en ejercicios con el A400M. Pese a que sí se han realizado saltos paracaidistas desde un A400M en vuelo, han sido saltos en modo manual, y no en modo automático: el más habitual en las operaciones militares, en las que se utiliza un cable para que los paracaidistas se lancen del aparato y se abra el paracaidas.

Desde la Brigada Paracaidista (Bripac) del Ejército de Tierra explican a ECD que esta capacidad de salto en modo automático aún no está disponible y eso afecta a todos los A400M construidos, así como a las futuras entregas. Apuntan también que Airbus, la empresa fabricante de este avión de transporte, está trabajando con el ejército francés para tratar de solucionar esta carencia, pero “las diferentes pruebas de certificación pueden durar un año”. Aunque no conocen en concreto las medidas que está tomando Airbus, explican que parecen ir dirigidas a realizar modificaciones en el diseño del paracaídas.

Manual sí, automático no
Y es que, fuentes militares que han participado en los primeros vuelos en A400M afirman a ECD que “saltar en automático no podemos porque el rebufo es tan fuerte que rompe los paracaídas en las aperturas”. Aseguran que las explicaciones que se les ha dado es que la velocidad del avión y el rebufo de los motores, por el momento, rompería los paracaídas en saltos automáticos. De hecho, en modo manual sí que se están produciendo ya saltos desde el avión A400M. Un portavoz oficial del Ejército del Aire explica que saltos manuales han realizado efectivos del Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo, del Aire, que se estrenaron el 9 de marzo desde un A400M del Ala 31 de Zaragoza, como miembros de la Brigada Paracaidista (Bripac) del Ejército de Tierra, que saltaron en modo manual días después.

La misma idea explican desde la Bripac: en modo manual no hay ningún problema al saltar desde los A400M, de ahí que ya se hayan realizado varios saltos de esta modalidad por parte de paracaidistas del Aire y de Tierra. Desde Airbus aseguran a ECD que este avión de transporte tiene ya capacidad total de lanzamiento en paracaídas por rampa, probado en operaciones. Asimismo, tienen certificado el salto por una puerta, pero no por las dos a la vez, por lo que los saltos (en modo manual) se limita a unos 30 paracaidistas. De forma que están trabajando para permitir el lanzamiento simultáneo por las dos puertas: “Se está trabajando con los clientes, se están haciendo ensayos para certificar esas capacidades”.

La misma idea destacan desde el Ejército del Aire: “El A400 es un avión de diseño totalmente nuevo. Como tal, tiene carencias que se van resolviendo gracias a la intensa colaboración entre la industria aeroespacial y las fuerzas aéreas”. Es decir, que aún se está trabajando para alcanzar todas las capacidades para las que está pensado este avión de transporte, del que España llegará a contar con 27 unidades en 2023, según está previsto por parte de Airbus y del Ejército del Aire. Fuentes oficiales de la Bripac añaden que las medidas que Airbus va a tomar para solucionar este asunto estaría hacer modificaciones en el diseño de los paracaídas para que resistan el salto en modo automático. Ahora mismo apuntan que desde la rampa pueden saltar unos 60 paracaidistas, pero no desde las puertas.

Se han lanzado cargas y “manolitos”
Militares de las unidades paracaidistas de las Fuerzas Armadas explican que además de la velocidad de apertura, también tienen problemas para saltar en automático por rampa, “porque la cinta del paracaídas es demasiado corta”. De ahí que se estén estudiando soluciones como ponerles una prolongación.

Por el momento, aseguran en distintas pruebas desde los A400M -más allá de los referidos saltos en modo manual- se han lanzado manolitos, es decir, muñecos que representan paracaidistas. Y también se están haciendo pruebas con el lanzamiento de cargas pesadas (piezas de artillería, mulas mecánicas, combustible, agua, comida, munición), que es otra de las funciones de este nuevo avión de transporte. En todos esos casos no hay problemas con el lanzamiento en paracaídas, pero sí con el modo automático de salto de paracaidistas, que está aún pendiente de una solución de Airbus. (Jesús.R.G.)

Fuente: https://www.elconfidencialdigital.com/

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